¿Y la educación?

pablo mieresPor Pablo Mieres. La semana pasada señalábamos con satisfacción los cambios observados en la orientación de la política exterior del nuevo gobierno, también se observan decisiones compartibles en la estrategia de combate a la inseguridad en la orientación del Ministerio del Interior en esta nueva etapa, sin embargo no podemos decir lo mismo sobre las primeras señales del nuevo gobierno en el campo de la educación.

Lo hemos dicho una y otra vez, no hay tema más importante que la necesidad urgente de una profunda transformación educativa. Es la prioridad número uno del país y de su efectiva reforma depende el futuro del país y el destino de las próximas generaciones en un mundo para el que la actual estructura educativa no las está preparando adecuadamente.

Sin embargo, no hemos registrado ningún síntoma efectivo de la urgencia y profundidad de la transformación requerida. Es más, las señales parecen orientarse hacia una inercia muy peligrosa, porque de ella solo se puede esperar la continuidad del declive de nuestra educación.

Es más, algunas declaraciones de jerarcas de la educación orientadas a cuestionar o poner en cuestión a los nuevos liceos de gestión privada que se han creado en las zonas más carenciadas y que, sugestivamente, forman parte de las pocas experiencias positivas y exitosas de los últimos años, lejos de mandar una señal alentadora sobre la orientación de un cambio, más bien decepciona y reafirma la sensación de una continuidad sin ideas y sin impulso transformador.

En la misma dirección debe leerse el mensaje sobre la distribución de responsabilidades en el armado del nuevo equipo de gobierno. El principal exponente de las ideas del candidato del partido de gobierno en materia educativa, por tanto el que se suponía como principal asesor del Presidente en esta área, fue Fernando Filgueira. A lo largo de toda la campaña electoral fue quien expuso las ideas principales y las propuestas de reforma en materia educativa.

Esa sí era una señal auspiciosa, porque la interpretación sobre la situación de la educación y las propuestas sobre la necesidad de una profunda transformación en este campo promovida por Filgueira era totalmente compartible e implicaba la necesidad de un fuerte sacudón político y programático en la incorporación de un verdadero programa de transformación similar en su hondura al que se impulsó en la segunda mitad de los años noventa.

Por otra parte, el enfoque y la propuesta de Filgueira poseían un alto grado de coincidencia con las miradas y propuestas de los principales referentes en política educativa de todos los demás partidos. Por estas razones esperábamos, con mucha expectativa, que el nuevo gobierno tomara, de una buena vez, “al toro por sus cuernos” e impulsara una profunda transformación que, además, si iba en la dirección anunciada por Filgueira, contaría con el apoyo de todo el sistema político.

Sin embargo, a la hora de la verdad, Fernando Filgueira ha ocupado un lugar de muy baja incidencia en la estructura institucional de nuestro sistema educativo. Como todos sabemos, el diseño institucional del sistema educativo uruguayo determina que sea la ANEP a través del CODICEN y los Consejos Desconcentrados, la que tenga el poder político e institucional para diseñar e implementar las políticas educativas.

Justamente en la conducción de la ANEP se observa un evidente continuismo con respecto al gobierno anterior, por lo que mal se puede esperar que desde tal circunstancia se impulse un verdadero cambio del actual estado de situación. Por el contrario, quien figuró durante la campaña electoral como el principal referente en educación, ocupa ahora el cargo de la Subsecretaría del Ministerio de Educación y Cultura.

Como bien se sabe, el Ministerio no es el organismo que tiene en su poder la definición de las políticas educativas, pero menos aún lo es quien ocupa la Subsecretaría de dicho ministerio.

Entonces es muy razonable que seamos preocupadamente escépticos sobre lo que ocurrirá en materia educativa durante el nuevo período de gobierno. Quedan dos pequeñas expectativas, una refiere a que recién estamos en el segundo mes de gobierno y todavía puede haber margen para novedades que nos gustaría observar, la segunda expectativa nace del discurso del Presidente Vázquez el día de su asunción en el que las referencias a la educación fueron, aunque muy breves, también compartibles.

El tiempo dirá, pero las primeras señales son muy preocupantes por el alto riesgo de continuismo de una política que, a todas luces, solo ha llevado a un progresivo y triste deterioro creciente de la calidad educativa.

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