“Vivimos una cultura en la cual por primera vez en la historia de la Humanidad los chicos le pueden enseñar a los grandes”

20150807_194345Ariel Gold es psiquiatra especializado en niños y adolescentes, estuvo recientemente en nuestra ciudad con motivo de realizar una charla para padres en el Colegio Salesiano y un taller para docentes en el Colegio María Auxiliadora. La charla dirigida a los padres se llevó a cabo en el Colegio Salesiano bajo el título “Algunas claves para entender más a nuestros hijos”. Al día siguiente realizó una jornada de actualización docente en el Colegio María Auxiliadora en dos módulos: “El docente frente al alumno con bajo rendimiento” y “El docente frente al alumno con conducta perturbadora”. La actividad fue organizada por los colegios y liceos católicos de Salto y auspiciada por la Sociedad Médico Quirúrgica de Salto.

– ¿Cuál es la tarea de un psiquiatra orientado a la educación?
– Los psiquiatras podemos ejercer nuestro quehacer en salud mental a través de lo que se llama la actividad clínica, que es cuando uno recibe en su consultorio a los pacientes o está trabajando en el sanatorio o en el hospital. Esa es una forma. La otra es lo que se llaman actividades de promoción de salud, lo que llamamos psicoeducación. Yo pertenezco a una institución privada de Montevideo donde desarrollamos un programa de psicoeducación, y allí tratamos de explicar conceptos que son difíciles desde el punto de vista del conocimiento psicológico, pero al explicarlo, cualquier persona se puede ver beneficiada al entender un poco más cómo funcionan aspectos del cerebro, que nos permite conocernos más a nosotros mismos y así poder entender un poco más a los otros.

Cuando los padres y los docentes adquieren estos conocimientos, tienen un insumo más para poder relacionarse de otra manera con las personas que tratan de educar. Acá en Salto lo hacemos en dos niveles, uno dirigido a padres, que es un encuentro de noventa minutos, que se llama “algunas claves para entender más a nuestros hijos”, y al día siguiente durante ocho horas vamos a trabajar con los docentes en un programa que se llama “el docente como agente de salud mental” donde veremos fundamentalmente dos ejes temáticos que son, “el docente frente al estudiante con bajo rendimiento académico” y “el docente frente al estudiante con conducta perturbadora”.

– ¿Cuáles son las claves para entender a nuestros hijos?
– Esas claves están vinculadas a un aspecto básico de nuestro ser que se llama desarrollo emocional. Cuando nos conformamos como seres humanos, lo hacemos gracias a que alguna vez se unió un espermatozoide con un óvulo de cada uno de nuestros progenitores. Eso conformó una materia prima, y la verdad que eso le pasó a otros animales, la diferencia es que en el ser humano sobre esa materia prima tiene que actuar el medio vincular, es decir, tienen que actuar otras personas para hacernos lo que somos. Nosotros somos así por la cantidad y calidad de personas con las que nos fuimos encontrando. Los caballos no son así por la cantidad y calidad de caballos con los que se encontraron ni por los dueños que tuvieron…

– ¿Es por herencia genética en ese caso?
– Es por lo genético, y sobre lo genético actúa el medio. Pero en el caballo, el medio actúa y lo cambia un poquito, pero a los seres humanos los cambia totalmente. Es decir, el otro es fundamental. Cualquiera de nosotros que hubiera estado en otro ambiente, hablamos de que lo crió el vecino o el que estaba en la cama del hospital y se lo llevó, seguramente tú ya no serías periodista y ve a saber dónde estarías ahora. Ese concepto hace que tengamos en cuenta que para el ser humano hay otro humano que es fundamental, y es al que llamamos agente de salud mental, que puede ser para bien o para mal.

El agente de salud mental, sin duda es la persona que se encarga en primer lugar de criar, que eso son los padres. Pero si nosotros dejamos a los padres de lado, cualquier persona que está en contacto natural y diario con niños y adolescentes pasa a ser fundamental, y eso son los docentes. ¿Qué otra actividad humana existe que esté en contacto con hijos de otros tratando de educarlos? Son los profesores y los maestros. Entonces, para nosotros lo fundamental es proteger a los docentes.

– ¿Cómo tendría que actuar un docente frente a un alumno con bajo rendimiento?
– Lo primero es tener en cuenta que el techo de ese niño y adolescente, porque hablamos de preescolares, de escolares y de liceales, se lo va a poner el mismo chiquilín. Es decir, tener en cuenta que todos los seres humanos podemos aprender, que tenemos que ver de dónde parte este estudiante, cuál es el nivel que tiene desde el punto de vista académico, dónde está parado respecto a los demás, y ver cuáles son las explicaciones que nos damos respecto a por qué otro compañero de él puede acceder a ciertos conocimientos y él no, todavía.

Lo primero, es entender que estamos frente a alguien que está necesitando ayuda específica. Y después hacer una especie de algoritmo, es decir, ir viendo qué preguntas nos hacemos frente a un estudiante que tiene un bajo rendimiento para saber dónde está el problema, y allí tratar de ayudarlo desde el aula.

Uno de los problemas que tenemos en nuestra época, es que estamos buscando qué especialista le va a solucionar el problema. Eso tiene una ventaja para los que somos especialistas, porque nos van a buscar y tenemos trabajo (risas). Pero tiene una gran desventaja, el docente que no está formado en esta línea, la solución que encuentra es ir a buscar a alguien que generalmente no se encuentra y entonces se encuentra sin armas, cuando en realidad lo que necesita un buen o mal estudiante es un buen docente.

Así que lo primero que tengo que hacer es entender qué es lo que está pasando, pero para eso tengo que tener en cuenta que cuando un niño tiene una dificultad para aprender, el primero que está sufriendo es el niño. No es un tema que le hace al docente, cuando veo que no me atiende en clase es porque el alumno, sea escolar o liceal, tiene una dificultad determinada. Ese es un poco el quid del asunto. Ahora, si no formamos a los docentes en este sentido, lo que hacemos es simplemente seguir buscando soluciones afuera, y es en el aula donde se deben encontrar.

– Además del contexto en el que pueda encontrarse el menor, existen determinadas patologías en su conducta, como la hiperactividad, la distracción, o de lo que más recientemente se habla que es el bullying, entre otras. ¿Cómo puede el docente estar preparado para identificarlos?
– Primero, formándose. O sea, teniendo la información necesaria como para sospechar. De eso se trata el curso que vinimos a dar, nosotros vamos a darle ciertos elementos para que puedan sospechar que puede existir un trastorno. Pero recuerden que lo que uno debe hacer en su trabajo es detectar, en primer lugar, qué factores de los que están afectando son controlables y cuáles incontrolables, y lo que yo puedo controlar es el aula, el niño en la relación conmigo. Si me dicen que tengo un niño con trastorno por desatención, que es algo bastante conocido, y el maestro piensa que se trata de un trastorno correspondiente al cerebro, ahí se termina la energía que necesita el docente para poder ayudar a ese chiquilín. Es cuando, por ejemplo, tenés a un chiquilín que tiene un trastorno depresivo o un bipolar, y el docente se dice, “ah, yo no puedo hacer nada”. Siempre se puede hacer algo, pero no curarle esa enfermedad, lo que puede hacer es apoyarlo desde distintos lugares. Por ejemplo, con un niño con déficit atencional hay que hacer acomodaciones en el aula, sentándolo en determinado lugar, donde la maestra tiene que darle instrucciones de una determinada manera, donde hay que supervisar lo que el chiquilín va haciendo, y para eso no necesita la maestra darle ni medicación ni internarlo en ningún lado, simplemente debe acomodar eso.

Ahora, si el chiquilín tiene ese problema y yo además me frustro y pienso que con este chiquilín no se puede hacer nada, no le doy lo que el chiquilín necesita que es que alguien le mejore lo que se llama su percepción de competencia. Es decir, la idea que se va formando el chiquilín de que él puede. Con una buena maestra todos los chiquilines pueden, pasa que tenemos que cuidar a las maestras. Es muy difícil ser maestra ahora.

– Cuando antes los maestros calificaban con baja nota al niño los padres le pedían explicaciones al niño, hoy es a los maestros a quienes piden explicaciones.
– Exactamente. Los profesores son huérfanos. En realidad, todos somos huérfanos, porque los chiquilines también son bastantes huérfanos. A nivel docente el nivel de orfandad o de apoyo realmente complica. Desde el momento que vos estás educando a los hijos de otros, ya tenés una labor impresionante. Ahora, tenés que tener una formación importante para poder acceder a lo que es educar en estos tiempos. La formación que tenían antes hoy no alcanza, porque antes educabas a niños que todo lo que tú sabías era más que lo que sabían los niños, hoy hay muchas cosas que los niños saben mucho más que vos, que refiere a todo el tema tecnológico. Entonces, ya ahí la educación cambió. En este momento tenés una cultura en la cual por primera vez en la historia de la Humanidad, los chicos le pueden enseñar a los grandes. Eso antes era impensable y ya desde ahí tenemos todo un tema.

Por otro lado, tenés que tener, debido a que los chiquilines ahora tienen un concepto de autoridad muy particular donde el hábito no hace al monje. Esto quiere decir que hoy los chiquilines no aceptan la autoridad simplemente porque seas la maestra, te la tenés que ganar, porque tampoco aceptan la autoridad. No la tienen integrada con facilidad a la autoridad de los padres solo por ser padres, porque muchos chiquilines son los que mandan en sus casas.

Todo esto marca que tenemos personas que se han dedicado a educar hijos de otros, que debe ser de las cosas más nobles que hay, pero con la misma formación que antes, lo cual es un lío, sabiendo que se tiene que vivir solo de esto, o sea, de una escuela porque no se puede tener multitrabajo para poder llegar a fin de mes.

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