Utopía realista

Por Mónica Xavier. Las 80 personas más ricas del mundo suman más riqueza que el 50% de la población mundial (3500 millones). Es un dato difícil de imaginar e imposible de justificar.

Y la realidad muestra que es una tendencia creciente: esta proporción se multiplicó por cinco desde 2010. Al mismo tiempo mueren 18.000 niños (1) por día por razones que podrían evitarse: falta de agua potable; falta de alimentos; falta de antibióticos, falta de instalaciones sanitarias. Huelga expresar que es aberrante y debe cambiar drásticamente.

En nuestra región, CEPAL incluye aspectos monetarios y no monetarios del bienestar, como las privaciones de empleo, protección social y rezago escolar, para medir la pobreza con estándares actualizados a la realidad que impera en América Latina. De esos estudios surge que Uruguay ha mejorado significativa y sostenidamente – en la última década-.

El artículo 1° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, inicia con la siguiente afirmación: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.”

Los derechos humanos constituyen una utopía realista en la medida en que no proponen más imágenes engañosas de una utopía social que promete la felicidad colectiva, sino que fundan el ideal de una sociedad justa en las instituciones de los estados constitucionales (2).

El objetivo primigenio de la política es el de la universalización de derechos: trabajo e ingresos dignos, servicios esenciales como la salud y la educación, así como también que la ciudadanía pueda participar directamente en la toma de decisiones a nivel social y político, y vivir en igualdad de género.

El año pasado fue tiempo de propuestas y elecciones. Los resultados fueron contundentes y ratificatorios. Nuevamente la ciudadanía eligió la forma progresista de gobierno. Ahora estamos en pleno debate para abrir los espacios y encontrar las formas para cumplir a cabalidad con el programa prometido. Eso hace que en este año, en el que se vota el Presupuesto Nacional, las movilizaciones de los distintos sectores sean más notorias.

A nadie le puede extrañar que estas negociaciones contengan tensiones. Se definen cuestiones importantes. Tampoco a nadie le puede quedar duda dónde están las prioridades de nuestros gobiernos. La década progresista define el rumbo de nuestro país del próximo medio siglo. Los resultados así lo avalan: inversión en infraestructura, educación, salud, mejores condiciones para nuestros niños/as y adolescentes.

Las decisiones políticas han hecho posible que la estructura productiva esté cada vez más diversificada, con más encadenamientos entre sectores, más conocimiento aplicado a la producción y ésta se inserta en mercados internacionales exigentes.

La síntesis de este proceso está sustentada en el crecimiento de la inversión (estabilidad macroeconómica – mejora en el clima de negocios – calidad de las instituciones – incentivos a la inversión), en el aumento de la productividad (la mitad del crecimiento económico uruguayo es explicado por ganancias de productividad), en el dinamismo exportador (diversificación de mercados y de productos exportados).

La evidencia de los resultados obliga a reconocer los procesos en curso y consolidar las políticas públicas que, junto a la acción de emprendedores y trabajadores, aseguran su sustentabilidad.

Hoy tenemos la mejor distribución global del ingreso de las últimas tres décadas y alcanzamos los mejores resultados en abatimiento de desigualdad desde que se tienen registros.

A pesar de todo esto, Uruguay se debate en las naturales discusiones por su futuro. Por cierto, muy saludables: sin diálogo social no hay crecimiento ni mejores condiciones de vida. Nadie es dueño de la verdad.

La inclusión es la única vía hacia el desarrollo. En ese camino: servicios públicos de calidad, calidad en educación, salud, el futuro sistema de cuidados, el cuidado del ambiente y las acciones preventivas, la integración regional y vocación de apertura al mundo, representan pasos de gigante.

No es utópico, es realista. Mejor dicho: utopía realista.

(1) Datos UNESCO
(2) Jürgen Habermas – El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos-.

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