Ser madre “es de las cosas más lindas que nos puede pasar a las mujeres y que tenemos el gran privilegio de vivirlo”

Mónica Silva es una mujer polifacética que ha dedicado gran parte de su vida a la familia, pero cuando sintió el llamado de su partido político, ese Partido Colorado al que aprendió a querer siguiendo a su padre, se fue a las trincheras, aunque se decidió a trabajar en política solo hasta que su padre se retiró de la dirección partidaria. Su vocación de servicio también la llevó a militar en las gremiales rurales.

– Si tuviese que definirse como persona, ¿qué siente que la define mejor? ¿Hija? ¿Esposa? ¿Madre? ¿Abuela? ¿Mujer? ¿Empresaria rural? ¿Dirigente política?
– Madre. Para mí ese sentimiento es muy fuerte. Siempre pienso que las mujeres tenemos el instinto especial, y es un instinto que me gusta, es algo que lo llevamos muy dentro y que siempre va a estar presente. Me hace pensar a veces en esas leonas que tienen sus crías, y somos leonas. Para mí es de esas cosas más lindas que nos puede pasar a las mujeres y que tenemos el gran privilegio de vivirlo.

– ¿Madre se hace o se nace?
– Las mujeres nacemos madre. Siempre cuento, y lo tengo bien presente, que tengo una tía que no tuvo hijos pero es madre porque se ha clavado con todos los sobrinos (risas). Uno realmente la ve así, y cuando no hay un sobrino, las mujeres tenemos a algún vecino, siempre hay alguien. Es instintivo.

– Pero, ¿cuesta un poquito más con el primero que cuando llega el segundo?
– Ah, claro. No sé si incentivan las cosas, porque con el primer hijo somos inconscientes, después vamos viendo cosas. A mí me ha tocado ver también otras cosas que pensé que me iban a endurecer, y no, la vida sensibiliza a medida que vamos viendo lo que va pasando. Hoy tengo nietos, y cuando uno ve cosas, teme otras que pueden haber sucedido o no, entonces nos sensibilizamos más. Es cierto que también los dejamos un poco más libres en aquellas pavadas que le hicimos al primero por no saber, pero somos más sensibles con el segundo y con el tercero, y liberamos otras cosas que con el primero las cuidamos más.

– Pasan los años, los chicos crecen, pero siguen siendo los mismos chicos de siempre para la madre, ¿por qué?
– Sigo llamando para preguntar qué comieron (risas), están lejos pero llamo para preguntar cómo están, adoro el WhatsApp porque en la mañana les puedo preguntar, “¿novedades? ¿Cómo están?” Es sencillo, no es nada más que preguntar si están todos bien, “si, si, si”, y tá, quedo tranquila.

– Al leer las noticias en el diario o prender la televisión o la radio se entera que están pasando cosas malas, donde siempre se termina señalando como la primer responsable de todo a la familia… Como madre, ¿cómo observa la sociedad en la que estamos viviendo?
– Con mucha preocupación, pero en eso, somos todos responsables. Me preocupa la violencia que estamos viviendo, pero no de ahora, de hace tiempo, cuando con mi hija, que ya tiene muchos más años, desde sus quince años hicimos todo un trabajo con el tema de la violencia, pero todos somos responsables. Todos tenemos menos paciencia, estamos dando menos tiempo por los demás porque vivimos más para uno, pero ninguno puede decir que no tiene responsabilidad. Es un tema actual que me preocupa mucho, la violencia es muy seria.

– Se denuncia como un mal de estos tiempos que los padres piensan que cumplen con sus responsabilidades comprando al hijo el último smartphone o computadora, la moto o el auto, la ropa de marca y sirviéndole un buen plato de comida, que nada material le falte, dejando de lado un tema central como los afectos y los valores…
– Te diría que eso fue, es y será lo que siempre ha existido. Hay cosas que no se suplen con nada. Siempre digo que en mi casa no se sabe lo que se va a comer, y llegar a la mesa con el plato de comida o con la olla o la fuente y ver a la cara qué es lo que expresan es uno de los sentimientos que disfruto muchísimo. Y hoy cuando me dicen al mandar encomienda a lo lejos, “pero mamá, son tus milanesas”, dando por hecho que tienen que estar buenas porque las hice yo, porque soy mamá. No sé si llena más algo comprado, eso quizás llene un tiempo.

Pero también la vida de la mujer hoy está muy complicada. Siempre digo que no hemos sido inteligentes, tomamos todo lo que podíamos pero no largamos nada. Ahí estoy de acuerdo con Pilar Sordo, no sabemos soltar nada, queremos hacer todo, y nos metimos en un lío porque no damos abasto.

– ¿Piensa que abarcaron mucho?
– Mucho, en eso no hemos sido inteligentes. Resulta que ahora las mujeres trabajan ocho, nueve, y hasta diez horas, pero también atienden la casa, los hijos, el dentista, las reuniones de clases. Las corridas son imponentes.

– ¿Eso hace perder calidad a las relaciones humanas?
– Perdemos calidad. Hay una imagen que viene en un sketch, donde con un pie hamacamos, con una mano damos la mamadera, con otra revolvemos la olla, y somos así, y eso llega un momento que cansa, agota.

– ¿Cómo se vive ese tránsito a través de los años de la familia, cuando en un comienzo la mesa está llena, y de a poco se empieza a vaciar porque los hijos levantan vuelo y se van del nido?
– El sentimiento del nido vacío no lo he tenido. He llenado mi vida con otras cosas. Siempre digo que hay que luchar por el otro, porque si el otro está mejor, yo también voy a estar mejor, eso es seguro. Vivo en mi casa, que es en la Zona Este, que vivo en Salto, que vivo en Uruguay, que vivo en el mundo, pero ese poquito grano de arena que podamos agregar, que de repente también me ha complicado, es un placer tratar de lograr las cosas que sean en beneficio de todos, porque siempre va a ser también en mi beneficio y en el de mi familia.

– Eso lo lleva en el ADN…
– Creo que si (risas)

– Cuando comenzó a trabajar en política muchos la compararon con su padre, ¿pero a quién se parece más, a su mamá o a su papá?
– Bueno, yo hice política cuando papá dejó de hacer política, aunque siempre dije que yo jamás me metería, pero terminé haciendo política porque me llamaron en un momento que entendí que el partido lo necesitaba, y bueno, algo podría aportar, una hace el esfuerzo de aportar. Me siento conforme con cosas que se han logrado, capaz no todo, pero bueno. Siempre digo que hay que aspirar a las utopías porque luego se saca un poquito menos y también sirve antes de no obtener nada.

– Pero le preguntaba como hija, ¿a quién salió más parecida?
– Ay, bueno… siempre he estado al lado de mi padre. Además me gusta todo lo que tiene que ver con el campo, lo aprendí de chica. Yo disparaba de mamá, porque con ella había que limpiar y hacer la cama y yo salía rajando (risas) En cambio siempre me gustó la otra tarea, que me acostumbré y aprendí de chica junto con mi hermano.

– Este domingo será su primer Día de la Madre sin su mamá, seguramente para usted será un día de sentimientos encontrados…
– … (se emociona) Es el primer año en el que yo sería la protagonista, porque siempre estaba mamá…

– Pero va a estar rodeada de los afectos, aunque sea por WhatsApp…
– Por WhatsApp, si, porque Lucía está muy lejos, estuvo hace unos días acá con toda su familia. Mis hijos están en un momento especial, terminando. En el caso de Federico está con entregas y esas cosas en la Facultad, Juan Miguel está terminando. Hago de cuenta que será el otro fin de semana, porque hay un feriado… Será el día de tener un almuerzo especial, es un tema de mentalizarlo así. Pero además, coincide con el primer mes de la muerte de mamá, así que voy a hacer de cuenta que… como ya me ha pasado con mi cumpleaños, hago de cuenta que es cuando podamos reunirnos. Lo importante es saber que ellos están…

(Leonardo Silva para diario El Pueblo)

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