Segunda reflexión después de la elección

Por M. J. Llantada Fabini. Si algo destaca en los resultados de las elecciones departamental del pasado domingo 10 de Mayo, es la absoluta independencia de los electores a la hora de emitir su sufragio.

Es, para bien de todos, el fin de lo que en su momento se llamó “la influencia directriz” (definida con ese elegante eufemismo por Julio Herrera y Obes, y sintetizada en el título de la formidable crónica “Anoche Me Llamó Batlle” de Carlos Manini Ríos).

El fenómeno del ciudadano que ejerce su derecho confiando en su propia visión, tiene su correlato evidente en los fracasos de los candidatos “inventados” por las cúpulas (léase Gracés, Castillo, Rachetti y también Topolanski).

El agotamiento del poder de los “liderazgos”, tuvo su confirmación más notoria en los más de 200.000 votos del candidato independiente de la “Concertación” Edgardo Novik, que quedó como el segundo candidato más votado en Montevideo, que además de superar largamente a los restantes candidatos “concertantes”, recibió él solo un 20% más que el total de votos obtenidos por el Partido Colorado en Octubre en todo el país.

Los resultados de este largo ciclo electoral deben pues leerse con especial cuidado, no solo los que han tenido magros resultados en los comicios. También han de hacerlo los triunfadores, porque es evidente que hay un progresivo divorcio entre lo que pretenden los dirigentes, y lo que el ciudadano común espera de ellos.

Esa situación es en definitiva lo que activa el gran motor de las modificaciones políticas: la insatisfacción del ciudadano. Esa condición del ánimo general deberá ser explorada, comprendida y objeto de una respuesta que ofrezca nuevos rumbos para transitar hacia el futuro.

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