Realidades paralelas

Por Gerardo Sotelo. Si alguien quiere comprender la realidad a través de los medios de comunicación deberá hacer por lo menos dos ejercicios: consultar a más de uno para asegurarse diversidad de enfoques y vincular hechos en apariencia inconexos.

Los medios de comunicación han demostrado ser de gran utilidad para contar hechos relevantes, conforme las sociedades modernas se volvían más complejas. Sin embargo no han podido superar la fragmentación fáctica, la exhibición de hechos verídicos acomodados en estamentos simultáneos pero independientes.

Tomemos por caso las agresiones contra docentes, esos actos de violencia que escapan a la lógica acción/reacción. La noticia suele desaparecer cuando la Justicia sanciona a la madre del alumno con el procesamiento, y excluye del problema la figura del estudiante, que vincula a la agresora con la agredida y es también una víctima.

Es razonable suponer que una madre que resuelve sus diferencias a los golpes (en el último caso conocido, con la participación de su marido) integre un núcleo familiar que transmite a su progenie que la violencia es una herramienta legítima para resolver conflictos. Los niños que se crían en un entorno violento integran un gremio que carece de organización sindical, no tiene quien asuma su vocería y por lo tanto no existe como colectivo.
A muchos de ellos, la vida volverá a ponerlos en el foco de la atención ciudadana cuando asalten a un repartidor de refrescos o destrocen una tribuna. Los medios de comunicación pueden narrar en su debido contexto cada uno de estos episodios y darse por satisfechos, sin vincularlo jamás con otros de similar especie.

Es cierto que no todos los vándalos que destrozan tribunas son hijos de madres agresoras, pero podemos aceptar como altamente probable un niño que ve a su madre golpear a la maestra por un “quítame de ahí esas pajas”, aprende a convivir con la violencia. Conforme pasen los años, intentará reproducir esa conducta para defenderse, primero de una amenaza real (la violencia intrafamiliar o barrial) y luego de una construida en su corazón por el dolor y el resentimiento.

Alguien educado con tales valores no alcanza a comprender que esa butaca debe permanecer en su lugar y que ese árbitro de fútbol tiene derecho a que se le respete en su integridad física, independientemente de la frustración que le cause la derrota de su equipo de fútbol preferido. Tales conceptos son el resultado de siglos de adaptación de los seres humanos a la convivencia pacífica, la sublimación de su naturaleza agresiva y la aceptación de las frustraciones como parte de la experiencia vital.

Pero una cosa es informase y otra entender el mundo en el que vivimos. Para lo primero alcanza con leer o escuchar las noticias. Para lo segundo es necesario un esfuerzo mayor. Estar informado es una práctica casi lúdica, que se resuelve mientras cocinamos o manejamos rumbo al trabajo.

Los medios de comunicación se dedican a presentar noticias en su momento y contexto, no a dar respuestas antropológicas. Trazar una línea entre la madre que agrede a la maestra en Las Piedras y los jóvenes que destrozaron la Tribuna Amsterdam tras el último clásico, no es algo que se derive del abordaje meramente noticioso de la realidad. Entender los fenómenos sociales es un compromiso ciudadano.

(Fuente: Montevideo Portal)

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