Radicalismos

Por Leonardo Silva Pinasco. La pelea entre políticos importa solo al entorno o al microuniverso que se genera en ese entorno. A la gente de barrio que sale a trabajar cada mañana tempranito (al menos la que tiene trabajo), tiene otros problemas en su cabeza para resolver. Mientras la gente vive en la realidad, los políticos viven en la suya.

Y siempre alguien resulta contagiado de lo que diga o deje de decir su líder o referente, y se larga con saña en la nueva forma de comunicarse, que termina siendo un amplificador de su pensamiento: las redes sociales, las mismas que también sirven para idiotizarse (cuánta razón tenía Umberto Eco).

Allí pueden encontrarse –en las redes sociales- las más tiernas historias o ejemplos de lo bajo que está cayendo nuestra especie llegado el momento de expresarse.

Se toman rumores y verdades a medias como tótems de la verdad absoluta e irrebatible, se ponen antiparras y avanzan como el toro contra la capa roja, con furia y resentimiento contra el que se le ponga al lado y ose siquiera tener una opinión distinta sobre ese rumor o verdad a medias que se cree obligado a difundir.

Estos radicalismos de baja estofa ni siquiera tratan de rebatir con argumentos la postura del otro. Directamente se lanzan como aquel animal contagiado de rabia con sus mandíbulas abiertas buscando la yugular.

Es cuando alguien sabio dijo alguna vez, los radicalismos de izquierda y derecha llegan a un punto en el que se encuentran y se torna harto difícil saber diferenciar quién es quién.

Be the first to comment

Deja un comentario