“Quiero transformar al país, y estoy convencida que se puede”

La senadora nacionalista Verónica Alonso recaló hace unos días en nuestra ciudad en una recorrida que viene realizando por todo el país. La oportunidad fue ideal para conversar con ella sobre la participación de la mujer en la política y de los obstáculos que aún deben vencerse en la búsqueda de la igualdad con el otro género.

– Salto tiene, no sé si la coincidencia o la virtud, que sus tres representantes en la Cámara Baja, es decir el 100%, son mujeres. Sin embargo, en el Parlamento la proporción es casi inversa. ¿La mujer sigue siendo considerada como un bicho raro en la política?
– No diría un bicho raro, pero sí que todavía falta un proceso o un camino donde naturalicemos el hecho que hombres y mujeres hagamos política. Hay una frase que dice que los hombres hacen política, mientras que las mujeres pasan por la política. Hay que ir rompiendo eso, y de a poco lo vamos haciendo. Las mujeres llegamos para quedarnos para hacer política. Es un tema complejo en el mundo político, que es dirigido y manejado históricamente por hombres, este es un tema especialmente cultural…

– ¿De la sociedad o de los partidos políticos?
– Tenemos que ir rompiendo barreras culturales donde las mujeres ocupamos determinados roles. El mundo político nunca fue un rol natural para la mujer, entonces es un tema que abarca a la sociedad, pero sobre todo el problema está en los partidos políticos, porque el tema de la participación de las mujeres, entre otras cosas, tiene que ver con quién detenta el poder. Es ahí donde se encuentra el trabajo que hemos ido generando algunas mujeres, otras antes que nosotras llegáramos, para ir rompiendo con esas barreras culturales que están instaladas en los hombres pero también en las mujeres, porque así venimos educadas y criadas muchas veces, en una sociedad definitivamente patriarcal. Y cuando uno mira a la sociedad dice, ¿por qué si somos el 52% de la población, por qué si el 67% de la currícula universitaria son mujeres y llegan a especializarse a nivel terciario más que los hombres, sin embargo en los lugares de tomas de decisiones las mujeres somos muy pocas?

Es decir, las mujeres estamos en las bases de todos los partidos políticos, está lleno de mujeres, el problema pasa cuando uno va mirando hacia arriba y ve que los lugares donde se toman decisiones, hay muy poquitas.

– Incluso se dio un caso hace unos años donde una señora legisladora al quedar embarazada no tuvo derecho a pedir licencia por maternidad en el Parlamento porque esa posibilidad no estaba contemplada reglamentariamente…
– ¡Tremendo! Bueno, eso tiene que ver con esas barreras culturales de las que hablo, de una profesión y un ambiente absolutamente masculinizado. Por eso cuando las mujeres entramos hay todo un desafío, que tampoco implica que las mujeres nos tengamos que masculinizar, eso es una de las cosas que no debemos hacer, las mujeres tenemos una impronta distinta, donde entra en juego esta herramienta de la Ley de Cuotas, que ahora tiene media sanción en el Senado, y cuando se aprobó dije que antes de entrar al mundo político yo estaba en contra de la ley, me hacía ruido esa ley, porque sentía que me iban a decir que estábamos ahí porque hay una cuota o un cupo, y yo sentía que las mujeres teníamos que estar ahí por dedicación, por esfuerzo, por habernos propuesto.

Sin embargo, cuando uno entra al mundo político, como hice yo, sin cuota, a través del mecanismo más legítimo que es competir y recibir el apoyo de la gente, empieza a ver determinadas desigualdades, porque el problema está en los partidos políticos, porque ahí es muy complicado muchas veces la competencia, y sobre todo ceder espacios, porque tiene que ver con el poder. Y a partir de allí, dije que creía que era una herramienta artificial, sin duda, pero una herramienta que de alguna manera ayuda a neutralizar esa desigualdad. Pero más allá de si es el 30, el 40 o el 50% de espacio para las mujeres, lo más importante acá es el tema de fondo, y preguntarnos ¿por qué está bueno que haya mujeres en política? ¿Qué le aportan las mujeres a la vida política? Es ahí donde tenemos que focalizar el debate que tendríamos que dar.

– Cuando las mujeres dicen que le aportan sensibilidad a la política, los hombres se ofenden porque entienden que los tratan de insensibles…
– No es que seamos más sensibles, tenemos una sensibilidad distinta, voy a los casos concretos. Por ejemplo, la Ley del Sistema Nacional de Cuidados, ¿hubiera tenido el mismo tratamiento o la misma dedicación en el Parlamento si no hubiera estado la mirada y el aporte de las mujeres? Recordemos que esta ley tiene que ver con el trabajo especialmente hacia la primera infancia, hacia la discapacidad y hacia la vejez. Otro ejemplo, la Ley de Adopciones, ¿hubiera tenido el mismo tratamiento, se le hubiera dado la misma dedicación solamente con la mirada de los hombres? La Ley de Extensión de Licencias Maternales o de Licencias Parentales, ¿le hubiéramos dado la misma profundidad? Y hablo de temas que nos vinculan a las mujeres, como la Ley de Violencia de Género, por ejemplo. Yo lo vivo en el Parlamento. Cuando se discute este tema, el hombre tiene una mirada, pero desde su lugar, por una concepción hasta biológica y de cómo fue educado. Y la visión que tenemos las mujeres es diferente, ni mejor ni peor, ni más o menos sensible, diferente y necesaria.

Y no soy alguien que me defino desde el feminismo ni levanto sus banderas porque siento que me genera un enfrentamiento con los hombres. Parece que estuviéramos en la vereda de enfrente, y siento que esta lucha es con el hombre en la búsqueda de la igualdad, porque hoy no existe una igualdad.

– ¿Con el hombre o también con la mujer? Le pregunto porque usted recordó que la mujer es el 52% de la población pero la mujer no vota a una mujer. Recuerdo el caso de Ana Lía Piñeyrúa que tuvo que bajar su precandidatura presidencial al no tener el respaldo de la gente.
– Es verdad, pero creo que eso tiene que ver con un tema cultural. Por eso dije que las barreras culturales están instaladas en los hombres y también en las mujeres. Entonces, cuando uno habla de romper barreras culturales, que son los más lentos, tiene que ver con la sociedad en general, hombres y mujeres. Pero va a llegar un momento en que las mujeres acompañaremos a una mujer en tanto y en cuanto entendamos que es la persona que tiene la capacidad, la idoneidad suficiente y no solamente por una cuestión de solidaridad con el género. Tendrá que ver con entender que una mujer puede llegar a gobernar y liderar un partido, un país, y eso en algún momento va a llegar. Esto lo vivo con mis hijas, tengo tres hijas, y ellas lo viven de una manera mucho más natural. Eso se va a ir dando con el tiempo, ellas van a vivir esto con mucha más naturalidad que como lo vivimos nosotros y como lo vivió mi madre o mi abuela.

– Usted habla de la especial sensibilidad que tiene la mujer; sin embargo, hace poco recorrió un video suyo que se hizo viral dirigiéndose al vicepresidente de la República en muy duros conceptos, le dijo de todo…
– Y eso tiene que ver también con la sensibilidad (risas). Sensibilidad no quiere decir debilidad. El género femenino no debería caracterizarse justamente por la debilidad. Decir las cosas fuerte y claro, levantar nuestra voz, pelear por las cosas en las que creemos, intentar recuperar los valores que hemos perdido, sentirlo no solo por mi condición de mujer sino también por mi condición de madre, que me condiciona en la casi totalidad de las decisiones que tomo, por lo que quiero como país, por lo que quiero de mis representantes. El vicepresidente de la República no me representa, y no porque no pertenezca a mi partido político, no me representa porque me generó esa vergüenza de no sentirme representada por alguien que como dije en ese video, no es que le mintió a los legisladores, le mintió al pueblo uruguayo, y no por una cuestión del título, sino por no tener la dignidad de hablarle fuerte y claro a la gente que además lo votó y la desilusionó.

– ¿Quiere ser presidente de la República?
– Yo quiero transformar al país, y estoy convencida que se puede. ¿Desde qué lugar? Va a ser la gente la que resuelva dónde me ubica. Si estoy en el lugar décimo, en el quinto, en el segundo o en el primero, lo resuelve la gente. Pero desde qué lugar…

– No le pregunté si puede, le pregunté si quiere.
– Y bueno, cuando estamos en los lugares de gobierno, uno aspira a ocupar un lugar de responsabilidad en tanto y cuanto uno sienta que pueda cambiar a su país. Uruguay es un país que tiene problemas que son solucionables. Somos un país de tres millones de habitantes, no tenemos problemas geográficos, no vivimos a través de una selva como puede tener Brasil, no tenemos problemas étnicos, religiosos, no tenemos problemas climáticos, más allá de algunos episodios; y sin embargo, no hemos logrado darle dignidad a esos tres millones de habitantes. Entonces, no hay magia y no es tan complejo, no tiene que ver con una cuestión de recursos, porque los recursos están, el tema es dónde uno pone las prioridades y ser bueno administrando esos recursos.

– Observando en la historia y en el presente le nombro, por ejemplo, a Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Thatcher, Angela Merkel, Michelle Bachelete, Dilma Rousseff, Cristina Fernández… ¿con quién se siente más identificada?
– Con Cristina Fernández seguro que no. Después le diría que puedo tomar algunas cosas de cada una. Primero, cada una vivió su tiempo, en su país con sus idiosincrasias, porque a veces es difícil extrapolar. Pero con características que me puedan hacer sentir representada, creo que si, por ejemplo con Margaret Thatcher desde su pragmatismo, desde la cuestión esta de administrar los recursos. A mí me gusta mucho un ejemplo que ella ponía, las mujeres entendemos lo que significa administrar porque somos las administradoras de nuestra casa, y entonces sabemos que cuando en una casa entran $10, no podemos gastar $11, que es lo que en muchos casos hizo el gobierno. Ni tampoco puedo pedirle plata al vecino porque así nos endeudamos. Eso que parece un ejemplo básico, también se repica en un gobierno.

Pero también la sensibilidad de una Indira Gandhi o de una Michelle Bachelet, con una visión un poco más socialdemócrata y todo lo que tiene que ver con las políticas sociales o comerciales, porque Chile es un paradigma desde el punto de vista comercial. Cada una hizo su revolución también cultural en sus propios países.

Quizás tomo de varias algunas cosas que me parecen pueden ser buenas, sin perder la impronta y sobre todo, sin dejar de entender a nuestra gente, a nuestra sociedad. El gobernante que funciona en un país es cuando de verdad interpreta y entiende lo que vive la gente, su pueblo.

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