Quién manda en el gobierno

Por Pablo Mieres. El episodio que culminó con la destitución de Juan Pedro Mir y la renuncia de Fernando Filgueira, además de demostrar definitivamente que este gobierno ha decidido “hacer la plancha” en materia educativa, lo que en buen romance significa que nada sustantivo va a cambiar y, por lo tanto, vamos a estar cada vez peor, también es un nuevo indicador de cómo se distribuye el poder en el nuevo gobierno.

Poco a poco, con un ritmo cadencioso y sin ruido, se van tumbando las iniciativas de los principales referentes de las propuestas moderadas dentro del partido de gobierno.

Primero fue la iniciativa de reformar sustancialmente el FONDES que culminó con una propuesta transada, negociada y dividida; después fue el Sistema Nacional de Competitividad que quedó guardado en el desván del olvido. Así las cosas, el peso de la OPP ha quedado fuertemente relativizado y su presencia en la agenda de gobierno se ha vuelto definitivamente marginal.

Luego fue la política internacional, que comenzó con una clara definición positiva tomando decisiones con un contenido totalmente compartible de búsqueda de acuerdos de Estado y con una postura proactiva de apertura al mundo y de participación abierta, sin perjuicio de su pertenencia al MERCOSUR.

Desde adentro del Frente Amplio se desautorizó en forma frontal la decisión de participar de las negociaciones del TISA, se lo ha maniatado en relación a la gravísima situación política de Venezuela y ahora se lo acorrala por sus opiniones sobre el Estado Islámico.

El desenlace de la pugna sobre la orientación de la política educativa completa un panorama desolador para los sectores más moderados y sensatos del equipo de gobierno.

Poco a poco y paso a paso, los sectores que responden a la orientación y liderazgo del expresidente, José Mujica, van imponiendo sus concepciones y sus posturas, el punto culminante de este largo rosario de hechos que indican quién predomina en el nuevo gobierno fue la declaración del Secretariado del Frente Amplio haciendo una cerrada defensa de lo actuado por las autoridades de ANCAP, ante el desastre de una gestión indefendible y sin siquiera avisar a los sectores que integran el Frente Líber Seregni.

Bastaron siete meses y los sectores cuyo principal referente es José Mujica se han impuesto en todas las sucesivas pulseadas generadas. Ya no se puede hablar de un gobierno en disputa, el gobierno se ha volcado hacia uno de los dos grandes sectores en pugna y existe un ganador que domina la escena.

¿Por qué? Muy sencillo, porque tiene el control mayoritario de la bancada y de la estructura orgánica del partido de gobierno. Basta una simple suma de cuántos legisladores se alinean con uno u otro de los sectores del Frente Amplio para concluir que los sectores moderados apenas alcanzan, con suerte, a representar un tercio de la bancada parlamentaria del Frente Amplio. Así es en el Senado y aún más rotunda es la distribución en Diputados.

Por las dudas, la representación en la estructura orgánica del partido de gobierno es, aun, mucho más mayoritaria en favor de los sectores más radicales o dogmáticos, porque se agrega la representación de las bases que, casi unánimemente, refleja el predominio de esos sectores.

El presidente está preso de esa correlación de fuerzas, y esa correlación de fuerzas es resultado de que todo el sistema político toleró, erróneamente, que el entonces Presidente de la República violara impunemente la Constitución, haciendo e interviniendo en la campaña electoral, lo que está expresamente prohibido en el texto de nuestra Carta Magna.

Como se dice comúnmente, “a llorar al cuartito”. Todos, los dirigentes de los partidos de oposición y los del Frente Amplio, dejamos pasar este atropello. Y no hay duda de que gracias a ese atropello, el actual expresidente José Mujica, obtuvo un apoyo parlamentario que hoy le da una influencia hegemónica en el actual gobierno. Su casi seguro acceso a la Presidencia del Frente Amplio, completará la ecuación de poder vigente.

Todos sabemos cómo es Mujica y, por lo tanto, no va a ejercer ese predominio de manera salvaje, pero en “las que duelen” y “las que importan” (como la batalla por la orientación educativa) su gente tendrá la preeminencia.

Así las cosas, poco podemos esperar del nuevo gobierno.

Be the first to comment

Deja un comentario