¿Quién apagó la vela?

Por Gerardo Sotelo. El socialismo es como el jazz: nadie sabe muy bien qué es ni qué no es. Pero a diferencia de lo que pasa con el jazz, que en términos generales no hace mal a nadie, bajo la denominación de “socialismo” suelen esconderse formas más o menos eficaces de destruir la riqueza y el bienestar.

Fuera de la experiencia socialdemócrata de Europa y algunas antiguas colonias británicas, es poco lo que puede encontrarse de “socialismo” que no haya acabado mal.

Uruguay no tiene un gobierno socialista, a menos que se acepte bajo esa amplia denominación, una política que busca acompasar los viejos consejos macroeconómicos del “neoliberalismo” con otra redistributiva, en un aceptable clima de estabilidad institucional. En suma, lo que cualquiera en Europa tildaría sin hesitarse de “socialdemocracia”. Pero al igual que ocurre con el jazz, el socialismo suele despertar en sus cultores la tentación de volver a las raíces, a probar si sigue viva aquella fuerza originaria, que prometía no dejar piedra sobre piedra.

Cuando Mujica creó el Fondes, lo definió como “una velita encendida al socialismo”. El ex presidente realizó esa manifestación tan infrecuente de sinceridad política (los gobernantes suelen ocultarle a los contribuyentes que están usando su dinero para caprichos ideológicos) porque creía que el experimento iba a funcionar y que la vela se convertiría en una llamarada. Pero la diferencia entre la orquesta de Wynton Marsalis y la que dirigió el ex presidente Mujica es que la del virtuoso trompetista, aunque ortodoxa y poco audaz, jamás desafina ni ahuyenta al público.

Hace unos días, delante de estudiantes de Economía, Mujica afirmó que el invento deberá superar las acechanzas del sistema capitalista. Sin embargo, advirtió a los trabajadores de las empresas auto gestionadas que tienen que estar dispuestos a perder algunos beneficios de los que gozan el resto de los asalariados. Dicho de otro modo, el primer calorcito, la primera lucecita de la vela socialista es la pérdida salarial, lo que resultaría inadmisible para cualquier sindicato medianamente clasista y combativo. Por cierto, nada que no sepan los trabajadores de medio mundo: el socialismo suele ser el camino más largo y cruel entre el capitalismo y el capitalismo.

No es de extrañar que el primer choque entre la administración de Vázquez y los músicos de Mujica haya sido la borroneada partitura del Fondes. El informe del Ejecutivo sobre la Rendición de Cuentas del 2014, revela que la mitad del dinero destinado a avivar la llama del socialismo tuvo por destino tres empresas, una concentración del riesgo que habría expuesto a la quiebra a cualquier entidad financiera. Para colmo, los destinos despiertan la sospecha de que, además de socialismo, hubo amiguismo.

Si esto ocurriera en un gobierno “no socialista” se llamaría corrupción. Lo mismo diríamos de un gobernante que creara un fondo, integrado con dineros de la comunidad, para encender, pongamos por caso, “una velita al neoliberalismo”. Sin quererlo, Mujica volvió a demostrar la inviabilidad del experimento. La cosecha inexorable del socialismo a secas es que la vela se apaga sola porque destruye la riqueza y fomenta la corrupción.

(Fuente: Montevideo Portal)

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