Política, comunicación, realidad

Por Mónica Xavier. Es difícil estimar cuánto exactamente influyen las noticias en las decisiones cotidianas y cuánto impactan en la realidad. Tanto o más complejo para la ciudadanía es desentrañar cuánto de lo que se dice/publica tiene que ver fielmente con la verdad. Está claro que los medios de comunicación no son sujetos pasivos y que uno de sus propósitos es formar opinión.

En una realidad cada vez más mediatizada por el exponencial desarrollo de las tecnologías, las noticias han tendido a presentarse como cuestiones espectaculares, en caso contrario da la impresión que no tiene valor, no son atendidas y no cierran los números de las empresas de medios. “En un mundo dominado por el temor a ser aburridos y el afán de divertir a cualquier precio, la política está condenada a aparecer como un tema ingrato que se excluye en la medida de lo posible de las horas de gran audiencia, un espectáculo poco estimulante, incluso deprimente, y difícil de tratar, que hay que convertir en interesante. Sacrificar cada vez más al editorialista y al reportero de investigación en beneficio del animador bufón, sustituir la información, el análisis, la entrevista profunda, la discusión de expertos, el reportaje, por la mera diversión” (1). Así analiza el asunto el filósofo francés Pierre Bourdieu.

El italiano Giovanni Sartori aborda el tema con una sentencia aún más alarmante: “la televisión produce un efecto regresivo en la democracia, debilitando su soporte, y, por tanto, la opinión pública” (2).

¿Cuánto tiene que ver esta valoración con nuestra realidad? Buena parte de la respuesta a este asunto central para las democracias no puede excluir el rol que nos cabe a los políticos, ya que formamos parte de esa lógica, queriendo o sin querer.

Acabo de volver de Berlín y Rotterdam. Estuve allí invitada a participar en la reflexión sobre la calidad de la Democracia y los desafíos que nos presentan estos tiempos que exigen adaptación, integración y cambio como constantes. Desde esos lugares y culturas sobre las que tanto tenemos para aprender, quieren saber sobre nuestra experiencia: nuestro país es observado con atención por la evolución alcanzada en esta década. No lo digo desde un carácter refundacional, es, simplemente, cómo nos evalúan y la consideración que hemos ganado a nivel internacional. Quieren saber cómo superamos una crisis tan fuerte, las reformas emprendidas y cómo continúa nuestro rumbo. No son conversaciones limitadas al pasado, muy por el contrario, permanentemente se intenta acelerar ventanas de oportunidad.

Desde nuestra realidad, insistimos en la relevancia que implica establecer vínculos ínter bloque – lograr el acuerdo entre UNIÓN EUROPEA – MERCOSUR; sensibilizar sobre las asimetrías y las necesidades de cada parte; disponer de espíritu integrador; demostrar que somos capaces de proveer según los estándares de calidad más exigentes. En esto, como en tantas otras cosas, ya no estamos arrancando de cero. En este marco, debemos valorar el trascendente diálogo que acaba de mantener Tabaré con Dilma.

El futuro necesita más convicción que temor. Nos despegamos de esquemas de pensamiento negativos que le han dado a nuestro país, en el pasado, terribles empujones hacia la lógica fatalista de las crisis cíclicas. No es cierto que alguno de nuestros gobiernos haya mantenido ausencia de responsabilidad sobre sus inversiones. Más allá de lo que se repita como fórmula de propaganda, todos sabemos que se había fundido a las empresas públicas, y estaban prontas para remate en los noventas. También sabemos que hoy se encuentran en fase expansiva – en algunos sectores aplicando tecnología vanguardista a nivel mundial. Es por ello que en la actualidad les podemos exigir más. Y está muy bien. Pero a no confundir los tantos: la versión de la irresponsabilidad y de la ineficiencia de las empresas públicas no tiene nada que ver con el nivel de desarrollo y reconocimiento que tienen actualmente ANTEL – BROU – ANCAP – UTE – BHU.

Fruto de diez años de expansión consolidada, se han incrementado las expectativas de nuestra sociedad. Y ello es muy saludable. Ahora, el futuro de los uruguayos ya no está asociado a un pasaporte. Ahora, los grandes desafíos que tenemos por delante no se logran ajustando el cinturón. Es mucho más desafiante y complejo: el desarrollo en marcha incluye plan y convicción. Supone alcanzar estándares de rendimientos más elevados en la enseñanza; implementar el Sistema Nacional de Cuidados; incrementar medidas de cuidado para el Medio Ambiente; seguir invirtiendo en las zonas con mayores vulnerabilidades; seguir ampliando mercados; seguir avanzando en derechos para todas las personas; seguir aumentando la confianza en nosotros mismos.

No es nuevo aquello que aplican sectores reaccionarios de “cuánto peor, mejor”, y que tan oportunamente acaba de apuntar la senadora Verónica Alonso. No es nueva la cantidad de medios con que nos desayunamos cada día que percuten sistemáticamente con versiones apocalípticas sobre la viabilidad de nuestro país (diez años sin descanso).

Para seguir avanzando, tenemos mucho por trabajar en esa tríada compuesta por política, comunicación y realidad.

(1) Bourdieu, P. (1996:127). Sobre la televisión, París.: Liber Editions
(2) Sartori, G. (1997:146). Homo Videns, Roma, Italia.: Gius, Laterza & Figli

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