Panorama general de las elecciones de mayo

constanza-moreiraPor Constanza Moreira. Estamos en la recta final del largo período electoral que comenzó hace ya más de un año. Ahora, luego de haber elegido el gobierno nacional y el Parlamento, nos encaminamos a elegir los gobiernos departamentales.

El Frente Amplio (FA) enfrentó con gran zozobra la elección de octubre, con unas encuestas que presagiaban dificultades para conseguir mayorías parlamentarias e incluso para vencer en la segunda vuelta, finalmente, salió airoso. El panorama para la elección departamental se presenta hoy más auspicioso de lo que se esperaba hace unos meses.

En Montevideo, blancos y colorados ensayaron la concertación. En el interior ensayan arreglos informales para poderse votar entre ellos. La concertación en Montevideo, apenas está permitiendo -con las últimas encuestas en la mano- llegar al 30% de los electores, y el FA es, por lejos, el favorito para ganar la elección.

Además del gobierno capitalino, FA detenta actualmente los gobiernos departamentales de Canelones, Maldonado, Rocha y Artigas. En Canelones, al igual que en Montevideo, es claro favorito. En Rocha corre con ventaja, pero el resultado no está “dado” aún; en Maldonado, sondeos recientes muestran un panorama incierto, y en la lejana Artigas, se está librando una formidable batalla política y electoral.

Es claro que en los cinco departamentos donde hoy gobierna el FA, las comparaciones arrojan un resultado neto de amplias simpatías para esos gobiernos, que han mostrado ser incomparablemente superiores a las administraciones anteriores. Sin embargo, no debe descartarse la circunstancia de que blancos y colorados se unan en arreglos más o menos informales, o de que el FA enfrente una interna “difícil”, lo que vuelve aventurado arriesgar pronósticos. Pero es claro que en esos departamentos, hace tiempo que el FA se consolidó en el territorio como la única opción deseable.

En otros departamentos, sin embargo, la construcción dista de estar consolidada, y el FA, habiendo ganado, luego no pudo retener el gobierno. Es el caso de Salto, Paysandú o Florida. En estos departamentos, el FA “vuelve a por” sus gobiernos, con buenas chances en aquellos lugares donde los partidos tradicionales han mostrado un manejo errático o irregular, desperdiciando su capital político inicial. La suerte de Germán Coutinho en Salto (que hasta hace pocos meses parecía un inexpugnable bastión del Partido Colorado) parece capaz de privar a este viejo partido de una de sus únicas oportunidades de victoria (tiene chances también en Rivera), y el FA está con buenas probabilidades de ganar. Algo similar ocurre en Paysandú, donde el ex Intendente Bertil Bentos enfrentó infelices circunstancias (incluyendo una iniciativa de juicio político), dejando al Frente Amplio envalentonado y con fuerza para volver a disputar territorio. En Florida, Carlos Enciso no parece debilitado, pero el FA vuelve a jugar con fuerza, con dos figuras departamentales, incluyendo la de nuestro querido Juan Giachetto, uno de los mejores intendentes que Florida podrá recordar.

En el resto de los departamentos, la izquierda le viene pisando los talones a blancos y colorados, compitiendo, o bien con los blancos, o bien con los colorados (a menudo con los dos juntos), pero siempre en el primer o segundo lugar. Lejos quedaron aquellos días donde el FA corría tercero, y a gran distancia, especialmente en el norte del país. Pensemos, sin ir más lejos en Rivera. El FA siempre iba tercero, hasta en la elección de 2010. Y sin más, pasó al primer lugar en las elecciones de octubre pasado.

Ese conjunto de departamentos donde todavía el Frente Amplio nunca ha ganado aún, pero donde obtuvo el primer lugar en la votación de octubre de 2014, están abriendo un abanico de posibilidades y un compás de espera e incertidumbre, que le dan a estos comicios el carácter casi sagrado de lo “impredecible”. Hablamos de Cerro Largo, de Soriano, de Río Negro, de Rivera, y también de San José y Colonia.

Finalmente, en aquellos departamentos donde la izquierda no salió primera sino segunda, y donde existe una larguísima tradición de gobiernos blancos “como hueso de bagual” (Treinta y Tres -donde el FA ya supo triunfar una vez-, Tacuarembó, Durazno, Lavalleja y Flores), el FA está atento a la construcción de su propia estrategia, y sin duda al desgaste del rival. Todo indica que la victoria del FA no se construye en una ni en dos elecciones: lleva tiempo, los candidatos se preparan, adquieren relevancia, comienzan a ser conocidos y a adquirir su propio prestigio, y los ediles también se preparan para la difícil tarea de la fiscalización de los gobiernos departamentales. La experiencia enseña que la combinación de estas cosas: la preparación de candidatos y candidatas, la presencia de los diputados y diputadas en el territorio, y el correcto trabajo de los ediles y edilas en la Junta Departamental, van abonando el terreno para una victoria que, tarde o temprano, sucederá.

Mientras tanto, el Frente Amplio parece haber aprendido una dura lección. Por un lado, ha dejado de lado las candidaturas únicas (con la excepción de San José y Lavalleja) , por otro lado, las virtudes del pluralismo de varias candidaturas, sólo se concretan cuando la competencia entre ellos, es superada por la complementariedad de los mismos. Aunque la lógica de la competencia parezca ineludible a esa ley de lemas que todavía prospera a nivel de las elecciones departamentales, el FA ha ido ganando conciencia suficiente como para emplear las reglas de acuerdo a sus propios principios. El FA sabe hoy que su triunfo en el territorioestá compuesto, no sólo del triunfo del candidato más votado, sino también de la performace de los otros candidatos, que con su aporte de votos han conducido al triunfo de la izquierda. Todos fueron necesarios; todos se precisan: la estrategia que triunfa es la de la cooperación. La combinación de pluralismo y unidad sólo la puede emplear la izquierda, y es ella la combinación virtuosa, capaz de vencer a los partidos tradicionales en todos sus campos.

Desde Casa Grande, desde ese espacio político frenteamplista que se organizó con las elecciones internas junio de 2014, apostamos a que nuestra fuerza política consolide gobiernos departamentales. Queremos ayudar y estimular la cooperación entre los candidatos y desestimular una competenciaque, incentivada por las reglas electorales, sólo nos ocasionaría división y discordia. Todos los candidatos se precisan. La elección la gana el Frente Amplio y no una persona, ni siquiera un equipo. También, desde Casa Grande, queremos colaborar a esa dosis de paciencia y entusiasmo que hacen de esta elección, algo más que la elección del “Intendente”. Queremos apostar y mucho a los ediles, por la importantísima función que cumplen en cada territorio; sea apoyando al gobierno departamental del FA, si éste ganara, sea fiscalizando el accionar del gobierno departamental de nuestros adversarios. Queremos apostar también a ese tercer nivel de gobierno, el municipal, donde se eligen alcaldes y concejales. Queremos colaborar a robustecer la participación ciudadana, informada, lúcida, exigente, en cada territorio del país. Porque el FA siempre construyó “política desde abajo”. Y porque es así como se construye un gobierno, una casa; de abajo hacia arriba.

Por último, desde Casa Grande, impulsamos una renovación de la política. Queremos dar más oportunidad a los jóvenes, a las mujeres, a “los desconocidos de siempre”. Porque eso es todavía el FA en muchos lugares: un signo de interrogación signado por muchos prejuicios, una amenaza a lo que “siempre se hizo así”. Y el Uruguay del siglo XXI no empezará a amanecer sino cambiamos lo viejo por lo nuevo, la costumbre por la novedad, y las viejas prácticas de “dejar todo como está” por la ilusión de la construcción de un mundo nuevo, más justo, más fraterno, y sobre todo, más feliz.

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