No toquen nada

Por Mónica Xavier. La expansión económica debe ser aprovechada para invertir al máximo en políticas sociales y así poder compensar tiempos en que el péndulo comercial no favorece tanto esa oportunidad. Lo contrario nunca trajo nada bueno.

“La idea según la cual hay que insistir en purgar los presupuestos a base de más austeridad para curar al enfermo me parece completamente insensata” expresa el economista francés Thomas Piketty, especialista en desigualdad económica y distribución de la renta.

Durante la segunda mitad del siglo XX puede decirse que la baja tasa de crecimiento económico se asocia a un incremento comparativamente bajo del volumen y calificación de la fuerza de trabajo, la baja tasa de inversión en capital físico y un pobre nivel de innovación tecnológica [1].

Como resultado de ello, incluso creciendo, la sociedad uruguaya asistió, en términos comparativos, a un largo “declive” (Gabriel Oddone [2], 2010). Esto pasó ante los ojos y por las decisiones de quienes gestaron crisis durante medio siglo.

Si hay algo para combatir es la desigualdad. Es por ella que se reduce la movilidad social y produce negativos impactos en todo sentido. Forman parte de las consecuencias de esas desigualdades y del “largo declive” las muy marcadas diferencias en la culminación de enseñanza media superior según los ingresos de los hogares a los que pertenecen los jóvenes.

El crecimiento en el siglo XXI va a depender en gran medida de la inversión en educación y en formación, de que ésta no sea únicamente para una pequeña élite sino para la inmensa mayoría de la población, afirma el economista francés antes citado.

No parece razonable condicionar un proyecto social sostenible únicamente a tasas de crecimiento elevadas. También es lógico y necesario diseñarlo sujeto a las previsiones que hay para los próximos años, que son sensiblemente más bajas a las promediadas en la última década pero muy superiores a las obtenidas en el medio siglo anterior.

No se logran cambios y bienestar decretando crisis. Más aún cuando no están las condiciones objetivas para que ello suceda: Uruguay tiene más reservas, mejores calificaciones, más inversiones y más mercados que nunca en su historia.

Para consolidar el crecimiento hay que lograr cambios que impacten y beneficien a cada vez más ciudadanos, son necesarias instituciones democráticas, sociales, educativas, fiscales y financieras que funcionen cada vez mejor.

Por ello en esta década hemos puesto los mayores esfuerzos en implementar grandes reformas: salud, tributaria, energética, laboral. No son acciones menores ni tampoco las sentimos infalibles. Siempre perfectibles, y con el imperativo de acelerar el ritmo en otras áreas: la propia educación, seguir el proceso modernizador del Estado, el desafío para auspiciar la cultura del trabajo, el Sistema Nacional de Cuidados.

Pero cada vez que se propone cambiar saltan como resorte los conservadores y ponen tantos palos como ruedas haya. Igualmente, no han logrado detenernos. Cuanto más se resisten a los cambios más se evidencian los privilegios que defienden.

Así es que avanzamos en asuntos antes nunca atendidos en la agenda conservadora: derechos humanos, matrimonio igualitario, interrupción voluntaria del embarazo, participación política, ordenamiento territorial y medio ambiente, patente única (SUCIVE), restablecimiento del impuesto al patrimonio rural, la lista es enorme.

Los cambios movilizan y representan la forma más democrática de construir una sociedad. Por el contrario, lo inmóvil representa intereses conservadores. Es un tema ideológico.

Las oscilaciones de la economía mundial no son las que preocupan a los más privilegiados, ellos no sufren desempleo ni privaciones de ninguna índole. Lo que los desvela son los vientos de cambio que soplan fuerte, desde hace una década, en nuestro país.

Es por ello que la verdadera pelea de los conservadores está en que nada altere la ecuación de privilegios enquistada en nuestra sociedad, y por eso gritan, por todos los medios posibles: “no toquen nada”.

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[1] INEED: Informe sobre el estado de la educación uruguaya (2014) http://ieeuy2014.ineed.edu.uy/

[2] Doctor en Historia Económica por la Universidad de Barcelona y Economista por la UDELAR.

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