No quieren darse cuenta pero son incompatibles

pablo mieresPor Pablo Mieres. No somos partidarios de dedicar los esfuerzos de la actividad política centralmente a investigar lo ocurrido en los gobiernos del Frente Amplio. No es la mejor agenda para construir una alternativa política con capacidad de generar en la ciudadanía el entusiasmo y la esperanza que, luego de tres gobiernos del mismo partido, permita alcanzar una alternancia positiva y necesaria para nuestro país.

En tal sentido, estamos convencidos de que la construcción de un espacio socialdemócrata es el camino fundamental para nuestro país en los próximos tiempos, y ese camino requiere del concurso de dirigentes y sectores de todos los partidos políticos. Por lo tanto, no es una alternativa anti Frente Amplio, es una alternativa que incluye dirigentes y sectores del actual partido de gobierno; así como también de blancos y colorados wilsonistas y batllistas.
Pero claramente es una alternativa que implica sustituir al actual Frente Amplio por otra opción de cambios con sensibilidad social y profundamente democrática que supere las contradicciones cada vez más fuertes que afectan a esa fuerza política.

Por eso, este año debe ser el año de la construcción y elaboración de una agenda socialdemócrata. La sensación de que el modelo de gobierno de este Frente Amplio está agotado es muy notoria y visible transcurrido el primer año de gobierno. Las contradicciones internas que son cada vez más visibles y abarcativas, impiden construir una propuesta consistente y con perspectiva de futuro. Este Frente Amplio está agotado, aunque sus dirigentes, todos ellos, se resistan a aceptarlo.

La incompatibilidad entre los dos conjuntos que lo integran se podría resumir en el debate que protagonizan hoy los dos sectores que pugnan por la conducción del Partido Socialista.

En el Frente Amplio conviven dos formas de actuación política que son contradictorias en sus fundamentos y principios ideológicos, en sus propuestas programáticas y en sus lógicas de gestión pública. Podrán seguir juntos porque valoran o sobrevaloran el patrimonio político simbólico que representa el Frente Amplio. Podrán seguir juntos porque tienen miedo de perder el poder, por buenas y malas razones. Podrán seguir juntos por el miedo a la ruptura.

Pero su incompatibilidad los convierte en estériles para aportar nuevos proyectos al país.

Hay una izquierda que es inviable por dogmática, autoritaria, irresponsable y, posiblemente, corrupta. Hay una izquierda que está aferrada a modelos que han demostrado ser impracticables en cualquier parte del mundo. Los hechos recientes ocurridos en nuestra región, lo confirman y lo van a seguir confirmando en los tiempos inmediatos.

Pero existe una izquierda democrática, sensata que puede ofrecer responsabilidad y, al mismo tiempo, trabajar por la solidaridad y equidad social. Sólo que adosada y pegada a la otra izquierda se va volviendo cada vez más inerte e incapaz de aportar al país.

Son proyectos de política económica diferentes, diríamos diametralmente opuestos. Unos buscan equilibrios y manejos sensatos, con responsabilidad y criterios adecuados. Otros creen que los recursos son infinitos y que el gasto público por definición es bueno y si se necesitan más recursos no hay problema con aumentar las cargas tributarias.

Son proyectos de gestión de la cosa pública totalmente diferentes. Unos se dedican a “apagar el incendio de ANCAP” mientras otros declaran olímpicamente que “había que invertir todo lo que se pudiera” y dejaron crecer el enorme “agujero negro” que hoy estamos pagando todos los uruguayos.

Son proyectos de inserción internacional contradictorios. Unos permiten dejar pasar no un tren sino varios, con tal de ser fieles a una concepción ideológica que se pone más allá de toda discusión. No importa si ello implica perder mercados u oportunidades de crecimiento. Aferrados a los Maduro, Kicillof y tantos otros; prefieren encerrarse con “amigos” que abrir oportunidades y fuentes de trabajo para todos los uruguayos.

Son concepciones democráticas totalmente opuestas. Unos ponen “lo político por encima de lo jurídico” y no dudan en afirmar que les gustaría tener Fuerzas Armadas alineadas con su propio partido. Miran para otro lado si las violaciones a los derechos humanos son cometidas por gobiernos de izquierda y no les preocupa la constitucionalidad de las normas.

Así las cosas, lo que viene ocurriendo es que los representantes de la izquierda dogmática y autoritaria van imponiendo sus propios criterios cada vez más. Entonces el gobierno se retira del TISA, corrije el FONDES para seguir ayudando a pérdida a los “compañeros”, no condena al gobierno de Venezuela, acepta el nuevo fracaso de la educación, y se conforma con corregir los “entuertos” y “desaguisados” que la izquierda del mujiquismo ha realizado.

Los otros saben esto perfectamente, pero hasta ahora han preferido “seguir de la mano” con quienes no comparten otra cosa que el PODER.

Tenemos la expectativa de que, en algún momento, asuman la realidad que les pega en los ojos una y otra vez, para aceptar que, como ocurre en la vida, hay momentos en que deben tomarse decisiones difíciles pero ineludibles.

De otra forma, la realidad y la gente les pasará por arriba. No tengan ninguna duda.

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