Nadie dijo que sea fácil

Por Mónica Xavier. Si transformamos las luchas por históricas reivindicaciones sociales en pujas intestinas por cómo alcanzarlas, le erramos. Hay un gobierno progresista que debemos respaldar sin fisuras. Eso no es sumisión, ni fagocitación, ni ninguna clase de esos términos a los que siempre están dispuestos opositores y tituladores. Simplemente, es viabilidad de proyecto.

Existe una serie de factores que lo explican. Primero, nadie es portador de la fórmula que permita saltear instantáneamente la enorme brecha entre los devastadores efectos de las políticas neoliberales y la justicia social. Segundo, los cambios que anhela la izquierda uruguaya no se resuelven en diez ni quince años. Tercero, sin sólidos acuerdos entre fuerzas políticas y sociales de izquierda no hay chances de que se profundice el proyecto progresista.

Ahora mismo vivimos un mes clave para el desarrollo de todo el período de gobierno. La semana pasada ingresó el proyecto de Ley de Presupuesto. El mismo es tratado desde la obligada coherencia que debe tener con el Programa de Gobierno del Frente Amplio. Si en el proceso de su discusión parlamentaria amerita modificaciones, se harán. Pero no nos tenemos que dejar bandear por el azuce de quienes pregonan austeridad y dejaron el tendal en cuanto rincón del Estado anduvieron.

Con qué legitimidad puede sermonear la derecha. Para que ese ruido, que no ayuda en nada a la comprensión ciudadana, no siga mellando las condiciones mínimas para el Diálogo Social, nosotros somos los primeros que debemos contribuir.

No caben dudas que en el tercer período las exigencias ciudadanas se incrementan. Esto es algo natural, ante las mejoras cosechadas las expectativas se multiplican. La ciudadanía reitera su respaldo y los gobiernos, en todos sus niveles, deben corresponder esa confianza.

Es por ello que desde la propia exposición de motivos del Presupuesto el gobierno asegura que en el actual período las políticas públicas, “y en especial las políticas sociales, laborales y de capacitación, deberán enfocarse en mejorar los activos materiales e inmateriales para los que tienen menos acceso”. No hay novedad, ni será tarea sencilla. Conocemos el contexto.

Más que nunca en estos momentos es cuando se deben valorar las fortalezas construidas. Ellas son las que permiten hacer frente al escenario externo desfavorable: diversificación productiva, mayor innovación e incorporación de conocimiento, dinamismo exportador, fortalecimiento del mercado interno (aumento del salario real y del empleo), redistribución del ingreso (mayor equidad y cohesión social), más y mejor ejercicio de derechos, con énfasis en los sectores más vulnerables, fortalezas financieras (sistema financiero y gestión de deuda).

Las condiciones y perspectivas económicas internacionales, y en particular regionales, en las cuales se desenvuelve la economía nacional no constituyen un recurso para explicar las dificultades o los avances económicos y sociales experimentados en el pasado o que se prevén en el futuro. Los retrocesos y los avances en las distintas áreas de la actividad nacional dependen, fundamentalmente, de lo que los uruguayos, desde los distintos ámbitos de la actividad privada y pública, hagamos con las condicionantes, favorables o desfavorables, que vienen del exterior.

Esto, dicho en el mensaje presupuestal, expresa que el desarrollo depende de nosotros mismos: de nuestra capacidad de inserción internacional, de educar, de innovar. Nadie dijo que sea fácil.

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