Mujica, ¿una oveja negra?

Por Esteban Valenti. Leí y subrayé varias partes del libro sobre Mujica “Una oveja negra al poder”, de los periodistas del semanario Búsqueda, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz. Como soy un lector aplicado de la prensa, el libro no me aportó muchas novedades en cuanto a definiciones políticas o visiones antropológicas e históricas de Mujica. De una u otra manera ya las había leído en otros textos.

No voy a exculpar a nadie por ninguna situación que pueda atribuirse a las condiciones en las que se produjo este libro, ni el objeto del mismo, ni los autores. Los libros luego de impresos tienen vida propia y las explicaciones, son casi inútiles y menos las referencias al clima, la alimentación o la orientación de los vientos. Son libros, que quedan.

Este no es un libro cualquiera, su sujeto es un Presidente de la República Oriental del Uruguay, que durante 5 años ocupó la más alta investidura del país, cuya obra y gestión es juzgada y evaluada por todos, en diversos ámbitos y circunstancias. Salió a la luz pocas semanas después de que Mujica dejara la presidencia y asumiera su banca en el senado de la república, como líder indiscutido del MPP y una de las tres principales figuras del Frente Amplio.

No son sus memorias póstumas ni mucho menos, al contrario una primera lectura muestra que el proyecto central del libro es dar inicio a su campaña, a su carrera hacia su participación en las elecciones del año 2019, nuevamente hacia el poder. Agregar a eso la ya desgastada frase: “mientras la biología lo permita”, vale para todos los seres humanos y, en este caso ya la escuchamos antes con marchas y contramarchas en todos los tonos. Por eso el título está muy bien puesto: Una oveja negra al poder…

El libro tiene un claro objetivo político y este se expresa en todo, desde las referencias políticas, las incursiones filosóficas y los relatos históricos y los mensajes sobre sus compañeros del FA, en particular a las ideas “más viejas” que les atribuye a Tabaré y a Danilo. Es un libro lleno de mensajes muy claros.

Los autores se prestan con entusiasmo a ese objetivo. Quieren vender libros, pasar a la posteridad literario-periodística nacional, pero con cuidado, no sea cosa que pierdan el favor y la confidencialidad de Mujica para los próximos 5 años desde el parlamento y sus alrededores y desde la presidencia si se cumplen los planes.

El que no quiera ver este objetivo en el libro, es que no aprendió nada de los últimos 15 años de la vida política nacional. El de Mujica es un objetivo totalmente legítimo, lo que yo cuestiono es que nos quieran vender el mismo paquete, con el mismo método y tratarnos de ingenuos en reiteración real.

El otro objetivo tan evidente como valedero, es aprovechar la fama conquistada y que nadie puede discutirle a Mujica. Conquistada palmo a palmo, en el Uruguay y en el mundo. Con impacto y visiones diferentes, pero fama al fin. Nadie se la regaló.

Desde su forma de hablar de cosas complejas con un lenguaje particular, la continua referencia a su forma de vida y a como construyó su pensamiento a partir de su historia personal y sobre todo sus sentencias casi inapelables sobre ciertos temas, son la exacta combinación de esos dos elementos: ponerse en campaña y alimentar y utilizar la imagen construida.

Mujica en sus años de político incorporó la comunicación actualizada a este mundo de impactos efímeros y veloces de la comunicación, como nadie lo ha hecho. Es un maestro en causar impacto, en revolver el avispero y hacer que se hable de él, en ocupar los escenarios mediáticos. El problema es cuando uno se transforma en prisionero de ese mecanismo y para alimentarlo necesita, utilizar siempre una vuelta más y cuando se somete a la conocida frase inmortalizada por Eduardo Victor Haedo de que no importa lo que digan, lo importante es que hablen de uno.

En el caso de este libro, que se construyó durante varios años y muchas jornadas de charlas y confidencias es que ambos objetivos, reconquistar el gobierno y alimentar la fama, es un plan que viene de lejos, no puede atribuirse a la nueva condición de Mujica, alejado de la presidencia y por lo tanto enfrentado a las soledades del poder máximo en el Uruguay. No llora por la herida, se prepara a repararla, a tener un motivo para seguir su pelea personal.

Por todo esto tiene que subrayar su condición de “oveja negra” y además tiene que exhibirlo en toda su magnitud, en método y en contenido.

¿Por qué habla mal de tanta gente, sobre todo de gente próxima con la que se deben mutuamente mucho? No es por descuido, no es por uno o muchos deslices, es parte de su proyecto. Y lo vamos a demostrar.

Todo el libro, con la complicidad evidente de los autores es la construcción de la “oveja negra”. Su ropa, su forma de vivir, su pasado, su relación con las comodidades o consumos actuales es parte central de ese objetivo, porque a continuación viene la sentencia: se piensa como se vive y sobre todo como se luce. Y esa es una gran falsedad histórica y humana.

El hábito no hace al monje, ni cuando anda en harapos, ni cuando usa corbata o cuando se viste de traje. La historia está llena de anacoretas reaccionarios y conservadores y de muchos pensadores y luchadores de izquierda que no definieron su vida y su empeño por sus trajes o sus vestidos, ni siquiera tuvieron tiempo de dedicarse a pensar en esas nimiedades. La lista sería interminable.

Ni Mujica es el presidente más pobre del mundo, basta leer el libro y lo que él declara que es su patrimonio en tierra y en equipos, ni ese rasgo asegura su fidelidad a la causa del pueblo y de la izquierda. Los buenos resultados de su gobierno, que he reconocido desde estas columnas en varias oportunidades no se las debemos al tamaño de su residencia, ni a sus sandalias y a su ropa, sino a sus prioridades políticas y al rumbo de su gobierno. Ni los errores que cometió, las desprolijidades que hemos criticado tienen que ver con la zona de Montevideo donde vive o su gusto por tener un Fusca.

Lo peor que le puede pasar a la política y a la izquierda en particular es la simplificación, la banalización de las cosas.

Si su gobierno hubiera sido un rotundo fracaso económico, social, productivo etc. etc. no habría austeridad y modestia que le permitiría aspirar a volver al sillón presidencial, ni su fama hubiera alcanzado los niveles que tiene, aunque su capacidad de comunicación continuara por los mismos rumbos.

Eso Mujica lo sabe perfectamente, pero lo dice retorcidamente, como comentarios posteriores a la difusión del libro. Nosotros le debemos mucho a Mujica por muchos motivos, le debemos menos de lo que él cree y se atribuye y, menos a la altura que asume para distribuir mandobles a diestra y siniestra, pero él nos debe mucho a nosotros, los comunes izquierdistas que votamos, militamos, escribimos, pensamos, criticamos y existimos para algo más que para admirar a nuestros dirigentes.

Y Mujica le debe mucho a Tabaré Vázquez, por su trayectoria, su capacidad diferente pero fundamental de vincularse con el pueblo, porque tiene un origen de pueblo humilde más profundo y arraigado que el propio Mujica, y sobre todo tiene mucho más boliche, mucho club Arbolito, Club Progreso y campamentos con amigos de la vida. Le debe por haber sido el primer presidente de izquierda de la historia del Uruguay y haberle entregado un país en marcha cuando él lo recibió en la ruina.

Mujica le debe mucho a Danilo Astori, no por las anécdotas sobre las urgencias urinarias, o por una visión muy parcial de la conformación de la fórmula del 2009 o incluso por el papel que Astori jugó en estos 10 años de conducir la economía del país, la principal prueba para cualquier gobierno y en particular para un gobierno de izquierda, incluso eso es secundario. Le debe mucho porque Astori es la expresión de esos muchos intelectuales de izquierda que no se rindieron a los honores y las tentaciones del brillo internacional o empresarial y siguieron firmes y lúcidos por el camino de la lucha. Y no quisiera tener que calcular quien es más pobre si Mujica o Astori, porque rechazo esa vara.

De ese grupo de intelectuales forman parte, aún con las diferencias del caso Constanza Moreira y Alberto Couriel y miles y miles de mujeres y hombres de izquierda que no se sienten superiores a los obreros y laburantes de la ciudad y del campo y hace muy bien. Pero tampoco se sienten en culpa o inferiores.

Y si les debe tanto, ¿por qué los agrede, los maltrata, intenta de rebajarlos? No hay que ser un lince para percibirlo, ni tener una sensibilidad particular para amargarse leyendo algunas frases sobre algunos compañeros. Y voy a ampliar una afirmación que hice en las redes sociales y no le cayó bien a una periodista amiga, a mí la unidad me sigue preocupando, sigo creyendo que hay dos cosas que pueden destruir a la izquierda uruguaya, la corrupción y la división.

No hace falta proclamar la división, alcanza con torpedear la unidad bajo la línea de flotación de las relaciones políticas y humanas, situarse por encima del resto de los compañeros, darle lecciones inapelables, herir sus sentimientos. Eso afecta la unidad. Esa que algunos consideran consolidada porque vamos juntos a las elecciones. Esa parte, la de las elecciones, es la culminación de un proceso al que hay que dedicarle mucha atención, cuidado y sobre todo sensibilidad política y humana.

Y voy a ampliar el concepto, ni en una familia, en una barra de amigos o en el trabajo se puede convivir si cada uno decide emitir juicios sin control y sin medida sobre el resto de los mortales, sobre todo para un lado, hacia la izquierda, porque con varios personajes de la derecha está lleno de consideraciones y atenciones.

En cuanto a algunas ideas expuestas tengo que confesar que me cuesta opinar, porque los autores del libro han sido muy, pero muy superficiales. Disculpen.

Si un ex presidente me dijera que en algún momento lo quisieron hacer renunciar, yo y cualquier periodista o ser humano atento, le preguntaría a fondo, trataría de saber más. ¿No es ese un tema grave y lleno de connotaciones políticas e institucionales? Así nos quedamos sin saber quiénes fueron los supuestos o reales renunciadores. Yo de ese tipo de episodios solo recuerdo uno, cuando Mujica luego de la aparición del libro “Pepe coloquios” quiso retirarse de la fórmula del FA del 2009 y Danilo Astori enfrentó con energía esa idea. ¿A los autores no les interesó saber algún otro detallecito del intento de golpe palaciego?

¿No les interesó saber cuáles fueron los problemas que se le presentaron a Mujica derivados del anterior gobierno y que decidió no atender ni profundizar? Casi nada lo del ojo.

Me refiero a esos temas porque son periodistas políticos, con su oficio y su trayectoria.

No pretendo que sobre afirmaciones filosóficas, históricas, sobre personajes nacionales e internacionales, sobre antropología de Mujica y otras disciplinas pregunten algo más, indaguen, busquen en la profundidad de esas ideas. Nos enteramos más del estado del pasto en las mañanitas de Rincón del Cerro que de algunas de las ideas que sobre el socialismo expuestas por Mujica.

Yo no soy de los que cree que los capitalistas son el motor del mundo, como hace tiempo que me saqué del bocho la idea de que el capitalismo es la antesala obligatoria y fatal del socialismo estatista y esos temas y la rica experiencia de Mujica de haber discutido esos enfoques con líderes de otros países me interesa mucho discutirlas. Creo que sería un buen aporte al debate y al pienso de la izquierda.

Cuando me puse a escribir este artículo me había dispuesto a dividirlo en dos y dedicarle un amplio capítulo a los contenidos, a las afirmaciones de Mujica sobre diversos temas. Es posible que en otro momento lo haga, pero el primer aspecto, el proyecto de preparar su recorrido hacia las próximas elecciones es tan evidente e invasor y su preocupación por ampliar el ruido de su fama tan sonoro que no considero adecuado mezclar las cosas.

Del libro puedo hablar con mucha comodidad porque en la mención que hace de mí no me afecta, al contrario, también porque he mejorado las relaciones con Mujica en los últimos tiempos, por eso mismo le puedo decir que los caminos del poder pueden ser, mejor dicho, la mayoría de las veces son tortuosos, pero a cualquier edad hay que saber preservar a los compañeros de ruta. No somos instrumentos.

Y la más importante, Mujica no es una oveja negra, por la simple razón que como todos los comunes mortales que nos dedicamos a la política persigue el poder con toda su pasión, su ingenio y sus fuerzas y eso es lo que nos iguala y nos tiñe del mismo idéntico color.

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