Montevideo: alerta naranja

Por Esteban Valenti… voy a concentrarme en Montevideo. Ganamos por sexta vez consecutiva pero, el izquierdista que duerma tranquilo por ese motivo, peca de soberbia o de sordera, dos males muy malos para la política y sobre todo desde el poder.

Ganamos con más votos y mayor porcentaje que en el 2010, y con una reducción importante de los votos en blanco y anulados, pero…

Pero perdimos en dos municipios muy importantes, el Ch y el E, que corresponde a dos zonas muy amplias, con mucha población y con una fuerte presencia de sectores sociales medios y medios altos, que eligieron alcaldes del Partido Nacional. Conozco bastante bien la realidad anterior de esos municipios, las actividades realizadas y la verdad es que si ganábamos era por un milagro. Y no hubo milagro, nos dieron dos señales fuertes como un campanazo.

Toda la elección en la capital debería sonar como un campanazo para los dirigentes, para los sectores y en general para la estructura del Frente Amplio. Nadie garantiza que el repique sea oído. Daniel Martinez dijo claramente que había oído las señales y eso ya es un gran avance.

El promedio departamental de los votantes para los municipios fue del 27% del total de votantes, seguramente el más bajo de todo el país, en el municipio Ch alcanzó el 40% y en el E fue del 33% los dos más elevados de la capital y allí perdimos. Esta nueva situación nos obligará a despertar de ciertos letargos. Los municipios de Montevideo no han entrado en el horizonte institucional y de proximidad del estado y la ciudad con la ciudadanía, las cifras son elocuentes y la realidad es mucho más evidente.

Si los municipios tienen ese nivel de atención y participación, simplemente no juegan el papel para el que fueron creados y esa debería ser nuestra principal preocupación, son heterogéneos geográfica, social y culturalmente y funcionalmente no son percibidos como un vínculo estrecho y beneficioso para la gente. Hay que revisar su diseño, sus funciones, sus relaciones con la gente y sus necesidades y con la Intendencia. ¿Lo haremos o tendremos la soberbia de creer que el mundo se debe adaptar a nosotros?

Sacamos el 50% de los votos y tendremos seguramente 18 ediles, lejos de los sueños de alcanzar los 21 ediles, para hacer mayorías especiales. Pero lo más importante no son los asientos, sino las señales ciudadanas. Nos votaron a pesar de que la actual intendencia tiene un bajo nivel de aprobación de su gestión, un 39% y un saldo negativo entre aprobación y desaprobación.

Voy a decir cosas incomodas y las voy a decir sin preámbulo, porque en ello nos va el futuro. La ciudad está sucia, sucia pareja y democráticamente sucia, los contenedores en centenares o miles de casos son pequeños basurales. Las veredas de la ciudad son un tormento, se pierde el paisaje urbano sorteando pozos y mirando hacia abajo, la primera responsabilidad por esto es de la intendencia aunque sean los vecinos los que tienen que mantener sus veredas en forma. Hay muchas, muchas calles con una desprolijidad manifiesta, con veredas llenas de yuyos, sin señales y calles pintadas adecuadamente, con una iluminación que ya es pobre para las nuevas tecnologías disponibles y con una periferia pobre que todavía está a años luz de un cambios de grandes proporciones que la incorpore a la ciudad, que la integre. Y con “soluciones” para el crecimiento del tráfico, en corredores que no son ni de cerca los problemas principales, que están en el eje este-oeste.

La gente volvió a confiar en nosotros, porque se hicieron muchas cosas, algunas muy buenas, como el Mercado Agrícola, como los juegos en toda la ciudad o las nuevas plazas, como algunas obras viales, pero eso está lejos de lo que la capital de un país que creció al ritmo del Uruguay necesita y reclama. Está lejos del espíritu fundacional y el gran impulso de principios del siglo XX y estamos en el siglo XXI…

Es cierto que las buenas intendencias necesitan grandes obras, que marquen la historia de la ciudad y tenemos cosas pendientes importantes, en Punta Brava, en el muelle Maúa y el gasómetro, en la rambla del oeste y del Cerro, en la Estación Central, en el Mercado Modelo y su traslado, en las vías rápidas para agilizar el tráfico, pero la ciudad son también sus detalles. Y estamos llenos de baldosas que faltan y pozos que sobran y contenedores desbordados. Y la gente, me incluyo, ya no acepta más explicaciones.

Hay cosas que llevarán su tiempo, pero desde el inicio se verá el talante del nuevo gobierno y el nivel de su sensibilidad.

Nadie duda que Ana Olivera fue una trabajadora incansable, con un equipo con serios problemas y con más serios problemas de comunicación . Y con el empecinamiento o la imposibilidad de cambiar a jerarcas que no dieron la talla. No es ningún exabrupto, es como debe funcionar la izquierda. Poner a los mejores, no por cuota, exigirles y exigirnos, controlar los resultados y cambiar cuando hay que cambiar, no dos años después. Ya es tarde.

Montevideo tiene una plantilla de funcionarios y de empleados de empresas y organizaciones que tienen contratos o convenios de tercerización de servicios muy grande y si no mejora su productividad, su dedicación, su profesionalidad, su atención a la ciudad y a su gente, no hay soluciones posibles. Y este será un gran problema, porque les pagamos sueldos entre los mejores de todas las intendencias del país y del estado uruguayo y siempre reclaman más sin que los montevideamos percibamos que están dispuestos a esforzarse más y mejor. Y nosotros no tenemos motivos para sentirnos en culpa y la intendencia nos representa, también para que los funcionarios y los contratados y las empresas cumplan. Cumplan en serio. No para volver a ganar las próximas elecciones, sino para vivir mejor, en una ciudad mucho mejor.

Nos eligieron de nuevo, nos renovaron la confianza, pero si no entendemos que nos sacaron un par de tarjetas anaranjadas y que estas tienen impacto en el gobierno de Montevideo, pero también influyen en el proceso nacional, quiere decir que el poder nos tiene adormecidos.

Y no alcanza con mejorar la gestión del gobierno, si no rejuvenecemos, renovamos nuestras formas políticas de vincularnos con la gente, no antes de las elecciones, sino en forma permanente, superando nuestra comunicación, nuestras iniciativas, la riqueza de nuestra producción de ideas, de debates, creando el clima de formación de cuadros políticos y utilizando las diversas redes y mecanismos de comunicación, no avanzaremos como lo reclaman las circunstancias.

Si le seguimos dedicando tanto tiempo a los reglamentos, a las estructuras, a cuidar las pequeñas parcelas conquistadas, vamos mal, muy mal. Y eso vale para todos, incluso los que pueden considerarse depositarios de quien sabe que destino mayoritario. Eso hay que renovarlo siempre, no hay liderazgos eternos y menos hereditarios.

Los sectores, todos los sectores pero sobre todo los grandes, los más importantes, los líderes que no comprendan que llegaron hasta ciertas posiciones por el aporte de todos nosotros, de todos los frenteamplistas y que no tenemos vocación de rebaños, ni de ovejas blancas ni negras, también se equivocan. El poder durante 30 años nos ha permitido el enorme privilegio de servirle a la gente, pero también nos pone la gran prueba de renovar nuestra modestia republicana, popular y de izquierda. La soberbia individual o de partido o grupo, nunca fue una virtud republicana y yo lo aprendí en mi propia experiencia vital y política.

Escuchemos atentamente la voz de la gente, en sus potentes gritos y en sus susurros.

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