Mentes estrechas

Por Leonardo Silva. La única verdad absoluta es que nadie es poseedor de la misma pues la verdad absoluta se trata de una construcción colectiva entre los distintos puntos de vista de todos. Es decir, cada quien con su cada cual va por la vida con su verdad, que no es la verdad de los demás. No es un mero juego de palabras.

Nuestra sociedad tiene serios problemas, algunos de ellos son estructurales y de larga data. En los últimos diez años algunos de esos problemas se han acentuado, otros disminuido. Lo cierto es que nadie tiene la varita mágica, nadie en soledad puede resolver estos problemas, porque una visión única no es más que su versión de la verdad. La verdad como la realidad de nuestros problemas requiere de una mayor amplitud en la mirada.

Pero admitamos, como debe ser, que quien gana la elección tiene no solo el derecho sino la obligación de cumplir con sus promesas de campaña. Llevarlas adelante solo depende del partido ganador, máxime si tiene mayoría parlamentaria (tanto en lo nacional como en lo departamental), pero para que estas propuestas o soluciones calen en la sociedad y obtenga su apoyo, requiere de especiales consensos sociales y políticos que solo pueden alcanzarse a través del diálogo, el que por definición implica no solo hablar sino también saber escuchar. Creer que porque ganó una elección lo hace poseedor de la revelación de la verdad absoluta es de mentes estrechas que a nada bueno conduce, como la historia se ha encargado de demostrarlo una y otra vez.

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