“Leí Marx a ver si podía ser marxista, y el propio Marx me convenció que era imposible”

luis bertizA Luis Bértiz lo conocí primero como periodista, luego en su condición de dirigente de la Lista 3 del Partido Nacional, siempre junto al Prof. César Panizza. Hace unos diez días fue electo presidente de la Asociación de Trabajadores Uruguayos de la Represa de Salto Grande (ATU-SG). La charla se dio espontáneamente aunque nos dejó sabor a poco, con un sinnúmero de anécdotas que por una cuestión de espacio no pudieron estar en esta entrevista, aunque no faltará oportunidad para seguir conversando con un café de por medio.

– Luego de todo lo que ha hecho en su vida, trabajando en periodismo, militando siempre por su Partido Nacional, y ahora asumiendo una nueva responsabilidad como presidente del gremio de funcionarios de Salto Grande. ¿Cómo encara esta nueva etapa?
– Estoy en una edad en la que estoy empezando a relegar tareas, responsabilidades y cosas por el estilo. También estoy comenzando a prever mi futuro como ex trabajador, es decir, no está lejos la fecha en la que tenga que ir al Banco de Previsión Social y jubilarme, faltan unos cuantos años todavía pero no está lejos. Esto del sindicato de Salto Grande surgió, no le diría en forma imprevista porque a mí me gusta y siempre tuve militancia sindical, no con exposición pero siempre tuve trabajo sindical. Pero bueno, en la asociación se habían dado ciertas circunstancias, hubo que dar una mano para que la institución mantuviera su perfil, su estructura, no había que dejarla caer, era el sentimiento que teníamos un grupo de trabajadores, fuimos a dar una mano para que eso no ocurriera, y eso deriva en que se convoque a las elecciones anticipadas en el sindicato.

– ¿Estaba en crisis el sindicato?
– No lo estaba desde el punto de vista económico ni cosas por el estilo, lo que había era un vacío de poder. La directiva se había reducido a tan poco número de personas que no tenían quórum para sesionar, y si no tenés quórum para sesionar no podés tomar decisiones, entonces el barco no navega y viene cualquier tempestad y te hunde. La idea fue, agarremos el barco, llevémoslo a puerto, lo amarramos bien, como se decía antiguamente, lo calafateamos y lo largamos a alta mar de nuevo para que siga navegando y representando a todos los trabajadores de Salto Grande.

– ¿Ese es el desafío hoy, ponerlo de nuevo en movimiento?
– Es lo que estamos haciendo. Ya lo agarramos, con una muy buena votación de los afiliados, casi el 90% fue a votar y las elecciones no eran obligatorias. Lo que nos llenó de orgullo. Es un grupo bastante grande el que está trabajando, no estoy solo en esto, gente joven que tiene ganas, ideas, proyectos. Hemos identificado cuáles son los desafíos que nos vamos a plantear.

– ¿Cómo es el relacionamiento con las autoridades de Salto Grande?
– Todavía no la saludamos. Hace diez días que asumimos el cargo y no hemos tenido contacto ni formal ni oficial aún. Lo que hicimos, que en estos casos corresponde luego del resultado electoral de nuestro gremio, es largar un comunicado a las dos Delegaciones, la de Argentina y la de Uruguay, comunicándoles que se realizaron las elecciones y que la comisión directiva queda constituida de la siguiente manera…

– ¿Es política del sindicato el diálogo?
– La política del sindicato la estipulan los dirigentes respondiendo a la realidad del respaldo electoral que tuvo, si nos votaron es porque proponíamos en el sublema de la hoja de votación, unidad, transparencia en la administración de los recursos del sindicato y fortalecimiento de la Mesa Coordinadora, que es el organismo que está integrado por el presidente y el secretario del sindicato uruguayo, y por el presidente y el secretario del sindicato argentino. Esa Coordinadora es la única habilitada para dialogar con la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande. Así que uruguayos y argentinos tenemos que estar en ese tema muy unidos porque si no, no hay diálogo, y si no hay diálogo no hay conquistas.

– Presidente de un gremio, con una vasta trayectoria como periodista y como dirigente del Partido Nacional. ¿Se define como una persona con vocación de servicio?
– Tengo vocación de servicio, si. Para mí el periodismo fue descubrir casualmente que esa era mi vocación de vida. Hice del periodismo mi opción de vida. Empecé a escribir en el diario Tribuna Salteña con 16 o 17 años. Entré al diario como aprendiz de linotipista, aquella máquina fantástica de 70 mil piezas que uno escribía y salía la línea escrita en plomo al revés. A los seis meses, me llama el administrador del diario, el contador Hugo Menoni, que era profesor de Matemáticas en el Liceo de la Zona Este, que fue el que me llevó a trabajar a Tribuna, y me dice que estaba en condiciones de ser oficial. Y de un día para el otro pasé a ganar más que papá, que era chofer de ómnibus de la Línea 1 de la intendencia. Con 17 años ganaba mucha plata. Pero además, no me quedaba en eso, iba a las canchas de fútbol para hacer la Tercera extra, que en aquella época era la Tercera de Ascenso, que jugaba los domingos a la mañana. Era un peso extra que me ganaba y además me gustaba. Así que iba a las canchas, luego me iba al diario a escribir los comentarios de los partidos que me tocaban, que eran dos por cancha, los dejaba y seguía haciendo mi tarea como linotipista. Y de noche si había alguna conferencia de prensa me mandaban. Así fue como comencé. Luego vinieron los cursos de perfeccionamiento, más estudios y mucha lectura.

– Parece que usted no va al periodismo, que el periodismo lo encuentra a usted.
– Llega. Y lo largué cuando se llega a un punto en que te absorbe tanto, porque es tan apasionante el periodismo que un día te das cuenta que estás dejando tu salud por el camino. Yo trabajaba en Salto Grande y seguía trabajando en diario Cambio, fíjese que me iba a las 6 de la mañana para allá, me venía a las 4 de la tarde, llegaba al diario con una manzana y me quedaba hasta las 10 u 11 de la noche, siempre y cuando no hubieran sesiones en la Junta Departamental que terminaba a las 2 o a las 3 de la mañana. Bueno, ese tren de vida lo seguí practicando hasta el año 94, que tuve un pequeño desvanecimiento y un doctor que me atiende en el Centro Médico me dijo que estaba todo bien, era un palito de flaco, y el tipo me dice, “contame cómo es tu vida, qué laburo tenés”. Cuando terminé de contarle lo que hacía durante todo el día, todos los días porque no había de sábado ni de domingo ni de feriado, todo parejo, porque eso es el periodismo, el tipo me dijo, “te voy a dar un certificado”, “certificado para qué, ¿para Salto Grande o para el diario y tomarme unas vacaciones?”, “no, no, no –me dijo-, seguí trabajando así nomás, el certificado es de defunción” (risas), “porque así no vas a aguantar, andá pensando en elegir qué vas a hacer”. Así que dejé el diario y me dediqué luego a escribir artículos como columnista invitado como ciudadano medianamente informado, que incluso de vez en cuando envío a EL PUEBLO alguna nota como tipo preocupado sobre alguna cuestión determinada.

– ¿Blanco se hace o se nace?
– Decía (Juan) Pivel Devoto que si uno lee un poquito de historia real del Uruguay, tenés que ser del Partido Nacional. Fui un gran lector de muchacho, quería saber por qué la gente de mi edad en la Facultad eran todos marxistas. Así que leí Marx a ver si podía ser marxista, y el propio Marx me convenció que era imposible ser marxista. Leí a Lenin, Stalin, Engels, leía de todo, horas de lectura analítica, pero cuando lees la historia de Aparicio Saravia, cuando lees los principios de la Revolución de 1897, que entre otras cosas lo que los blancos reclamaban, además de la famosa representación de las minorías, era que la mujer dejara de ser un objeto para ser un sujeto de Derecho. En 1897, la revolución se hace, entre otras cosas, por eso, porque la mujer del policía tenía con sus hijos un rancho en cualquier pueblo de campaña, el policía moría y ese rancho no podía ser propiedad de esa señora porque no tenía derecho. Acuérdese que ni siquiera votaban. Entonces, cuando empiezas a leer eso, la obra de (Carlos) Roxlo, por favor, ¿cómo no ser blanco?

– ¿Cómo analiza la actualidad del periodismo salteño luego de una dura campaña electoral? ¿Se puede ser periodista y trabajar en política?
– Si, si, a tal punto que yo lo hice durante toda mi vida. Nunca oculté mi condición de militante ni de dirigente del Partido Nacional, tampoco me gustó ser candidato a nada. Es más, las veces que me ofertaron para ir en listas de diputado o de edil dije que no. En esta última también dije que no. Del partido soy dirigente, colaborador, miembro de la Comisión Departamental del partido si la gente me vota. Desde el año 84 para acá he sido electo convencional departamental y he tratado de ayudar en lo que pueda. Por lo tanto, hacer periodismo y política se puede.

– ¿Es ético?
– Es ético si uno es ético.

– Le pregunto porque conozco un par de colegas que han dejado el periodismo para dedicarse a la política porque han sostenido que éticamente sería incompatible.
– Eso para mí es un error. Si tú eres ético, que en realidad lo sos, y te sentís profundamente comprometido con tu profesión y también con tu partido, además de tener gente que está mirando el detalle de lo que estás escribiendo, porque todos los días te pasan la lupa para ver, estás sometido al juicio de la gente todos los días. Así que el que escribe en un diario, o el que trabaja en la televisión o en una radio, todos los días es pasado por el filtro y ve qué es lo que vas dejando, y si las cosas funcionan bien tenés propaganda y si las cosas funcionan mal tu programa o propuesta no caminará, es así nomás.

Por ejemplo, a mí entrevistar a un dirigente del Partido Nacional, aún sabiendo que soy del Partido Nacional, implicaba que a esa entrevista la tenía que hacer con mayor precisión, con mayor exigencia, con preguntas más incisivas que al resto, y quedaba cubierto de eso que se dice. Que eso hoy no ocurra, es problema de los que están hoy en el periodismo.

Le cuento una anécdota. En mi época me lo lleva a Wilson a Canal 8 don Héctor “Monono” Esteves, quien le dice a Wilson, “mirá que este es un periodista de Salto blanco”, y la verdad es que en aquel momento era el único periodista blanco en Salto. Hacemos la nota con Wilson y cuando terminamos el reportaje, Wilson lo mira a Héctor Esteves y le dice, “ché Héctor, menos mal que era blanco” (risas).

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