Lebel: la despedida de un ejemplo de honor

juan raul ferreiraPor Juan Raúl Ferreira. Al escribir me da miedo pensar que muchos jóvenes no sepan quien fue. Si es así, como en realidad siento que es, ojalá esta desordenada mezcla de anécdotas y emociones llegue a manos de ellos. Es de los hombres que no tienen edad para morir. El país los necesita siempre. Hacen a la esencia de nuestra identidad nacional.

Escuché su nombre por primera vez, la noche del Golpe de Estado. Una foto. En momentos en que todo era confusión y ya el Golpe era inevitable o se había dado y no se decía… en medio de todo eso, llega una foto. Alex, uno de sus hijos, me decía que la foto fue una casualidad, sacada por un vecino. Estaba uniformado sentado frente a su domicilio desde donde colgaba un cartel que decía ABAJO LA DICTADURA.

Hay imágenes que perduran toda la vida. En este caso, pienso en mi viejo la última vez que nos vimos antes de que saliera hacia el incierto exilio. Tenía en sus manos la carta de renuncia del Embajador Bianchi y la foto de Lebel. Me miró firme a los ojos y dijo “ves Juan, no todo está perdido.”

Pasó mucho tiempo hasta que conociéramos el despliegue militar utilizado para llevarlo preso. Tanques, tanquetas, metralletas, jeeps… En realidad no es muy distinto despropósito del despliegue cuando llegamos con Wilson al Uruguay. Para detener a Lebel… Que miedo puede dar un solo hombre si se sabe que no transa en su dignidad. Tremendo. Lo pienso y se me pone la piel de gallina.

En los años del exilio, visitó varias veces al viejo en Londres. Por acá andan las fotos de aquellos encuentros. Y, aveces pasa, aveces no, se hicieron amigos. Un día Michelini hablando de mi viejo me dijo, “nos queremos y respetamos. Esos dos ingredientes producen la Amistad, tu viejo es mi amigo.” Y eso fue lo que pasó con Lebel. Compartieron el afecto y se respetaban. Mucho.

Junto a Julio Castro quien pagó con su vida la solidaridad que practicaba, Lebel fue instrumental en que muchos uruguayos perseguidos, que no podían vencer los controles de la Embajada lograran entrar a la Embajada de México. Tenían un código con otro gran luchador el Embajador Vicente Muñiz, que les permitía con un breve llamado ir a lugares pre establecidos y el propio Embajador los llevaba a su residencia.

Las ironías de la vida, ya en plena democracia nos conocimos. Su vida siguió estrechamente vinculada siempre a la defensa de las Instituciones, a resaltar la Democracia ya ser un amigo afable entretenido y afectuoso. Uno de sus hijos e dijo anoche “no sabés cuánto te quería.” Y, espero que no suene vanidoso pero me salió del alma: “Si,” le dije se que me quería mucho y me lo demostró durante 30 años. Ahora , pensé es difícil que se diera cuenta cuanto lo quise , cuánto lo voy a extrañar.

Lo importante es que el país lo extrañe. Que el Urugguay se de cuenta la falta que nos va a hacer, el vacío que nos deja. Eso sería una gran señal de que nada está perdido. Que seguimos siendo el pueblo que cultivó su particular sensibilidad y sus valores en los fogones artiguistas. Esa Patria debe extrañar a Lebel. Dejó de vivir, pero más importante que haber vivido es, parafraseando la canción, Honró la Vida.

Que ironía del destino. Cuando tengo el honor de e designado Embajador en Argentina, uno de sus hijos, Alex era agregado Naval de la Embajada. Sin duda que los años de trabajo junto a él me permitieron conocer más y acercarme más aún a aquel hombre, Oscar Lebel, que fue leyenda en vida lo que supo llevar con humildad y sencillez.

Cuántos paneles compartimos. Ni recuerdo en cual fue que entregó a sus colegas de panel el libro autobiográfico “La Historia de un hombre que supo vivir sin miedo.” tener miedo y actuar como si no se tuviera requiere la misma grandeza de espíritu que perderlo. Creo que perderlo es, como decía Mons. Romero, “actuar sin pensar en él.” Eso fue Lebel, como los grandes de la historia. Este viejo guerrero por la Paz, ha llegado a ella. Que la disfrute eternamente, y por nuestro bien, que nunca le olvidemos.

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