La economía es la gente

Por Danilo Astori. Desde hace varias semanas estamos literalmente sumergidos en reuniones con diversos sectores sociales, de gobierno, parlamentarios y con integrantes del equipo económico, elaborando el presupuesto 2016-2020. No voy a insistir sobre la importancia de esta ley.

Por esa concentración en una actividad política y técnica altamente exigente y que requiere de mucha precisión, quiero reflexionar con ustedes sobre un tema que sigue siendo el centro de mis preocupaciones: la economía es la gente. Es que la protagonista central de la economía de un país, la que define sus resultados, el nivel de su avance y su impacto es la gente en el más amplio sentido del término.

Si la gente está dispuesta a arriesgarse, a darle un impulso a la economía propia y familiar con su trabajo, sus inversiones, el destino de sus ahorros, sus consumos, sus expectativas, su voluntad, su estudio, sus capacidades, sus actitudes cotidianas y su mirada a mediano y a largo plazo, estará generando – sin duda – un gran impacto sobre la economía nacional. Para que todo ello ocurra es fundamental la confianza, ya que una sociedad carente de ella, temerosa, especulativa, afrontará grandes dificultades, mucho mayores que las que imponen las condiciones internacionales o regionales.

En varias oportunidades me he referido a los cambios que se produjeron en la situación mundial y regional. Todos seguimos a diario la evolución de los mismos. El problema de fondo es como los afrontamos.

Las excelentes noticias sobre la mejora en la calificación de la deuda pública uruguaya por dos de las mayores empresas especializadas del mundo, constituyen – aunque refieran a un concepto técnico – un estímulo importante que nos alienta e influye en la vida de nuestra gente. Pagar intereses más bajos por nuestros préstamos, tener acceso a fondos y oportunidades de inversión muy relevantes, mejorar en forma constante la imagen de Uruguay en el mundo, ayuda al empleo, a las inversiones sociales y en infraestructura, así como a seguir mejorando la calidad de vida de los integrantes de la sociedad, verdadero motor fundamental de los gobiernos progresistas.

Es bueno, muy bueno obtener estas calificaciones, pero no podemos guiarnos sólo ni principalmente por lo que otros dicen sobre nosotros. Debemos construir nuestro propio discurso, nuestro propio relato, nuestro propio camino. Y lo estamos haciendo, paso a paso, tratando de pisar sobre terreno firme.

Que en el primer cuatrimestre del año se haya sostenido e incluso aumentado el nivel de los proyectos de inversión, que alcanzaron los 177 por más de 800 millones de dólares es muy positivo, sobre todo para la gente, para el empleo, para el crecimiento del país, para todos los uruguayos. Detrás de esos proyectos de inversión hay gente que confía en el país y en los uruguayos.

La economía es la gente para todo, también para afrontar las obligaciones laborales. Nuestro crecimiento en esta nueva etapa depende del mejoramiento, en todos los ámbitos, de la calidad de nuestro trabajo, encarando nuestras responsabilidades, reduciendo sensiblemente el ausentismo, e involucrándonos cada vez más en todas las fases de la producción, del estudio, de la gestión gubernamental, del funcionamiento de Estado.

En estos más de diez años de gobierno hemos generado muchos cambios, pero el más importante es haber recuperado el optimismo de nuestra voluntad, la confianza en nuestras posibilidades, la certeza en el Proyecto Nacional. Ese es nuestro rumbo. Y durante esta década también se generaron mayores exigencias a todos los niveles sociales. Por eso es tan importante establecer claramente cuáles son nuestras prioridades.

Como la economía es la gente, nuestras prioridades siguen refiriendo al trabajo, al empleo, a la mejora de los salarios más sumergidos, a las políticas sociales rectoras de nuestro proyecto nacional, como las que se vinculan con la educación, la salud, el sistema nacional de cuidados. A todo ello hay que agregar el gran esfuerzo a realizar para incrementar el nivel y la calidad del potencial físico del país en todas las áreas que componen la disponibilidad infraestructural del país, esto es, los transportes, las comunicaciones, los servicios portuarios y la energía. No podemos detenernos, necesitamos un país en marcha, en construcción.

Cuando nos hemos referido, y lo seguiremos haciendo, al manejo prudente y cuidadoso de los recursos públicos, lo hacemos sabiendo que – antes que nada – ello es para asegurar la continuidad de las transformaciones que nos conduzcan a niveles cada vez más altos de desarrollo económico y social y, ni que hablar, a la defensa y la consolidación de las conquistas ya alcanzadas. Cuando algunos voceros anuncian dificultades, llegando casi a vaticinar una situación de crisis, no sólo están cometiendo un profundo error político. También están lastimando al optimismo responsable y la autoestima colectiva, que son factores fundamentales del progreso y la realización de una sociedad como tal.

La economía no es como la meteorología. No se explica en función de la fuerza y la orientación de los vientos. No se agota en los equilibrios técnicos. Tampoco en el griterío o el tironeo, o en las especulaciones electorales permanentes y casi desesperadas. Para este gobierno, tal como lo formuló en diversas oportunidades el presidente compañero Tabaré Vázquez, la economía es y seguirá siendo la gente.

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