La confianza hay que ganarla todos los días

Por Pablo Mieres. Estamos en la mitad del año 2015 y todos sabemos que ingresamos en tiempos decisivos para la definición del rumbo del nuevo gobierno. Dos grandes definiciones tendrán lugar en los próximos seis meses, el presupuesto nacional quinquenal y la nueva ronda de los Consejos de Salarios.

Existen datos objetivos y consistentes que indican las dificultades que está atravesando nuestra economía y que ciertamente deberá continuar enfrentando al menos por los próximos dos o tres años. Puede haber variaciones en la evaluación de la gravedad o profundidad de la crisis, pero todos coincidimos en que el “viento de cola” terminó y que la nueva coyuntura es particularmente adversa.

Hay sectores de nuestra producción en crisis profunda. Buena parte de la industria comienza a mostrar el impacto negativo y en el sector agropecuario los casos extremos refieren a los sectores arrocero y lácteo. Las cifras de desocupación confirman la tendencia negativa con un incremento que se acerca peligrosamente a los dos dígitos.

Todos tenemos que actuar con responsabilidad y cautela. Todos los actores políticos, gobierno y oposición, y todos los actores sociales, empresarios y sindicatos.

Las señales del nuevo gobierno se han orientado afortunadamente en esa dirección y un equipo económico mucho más coherente y alineado que el que tuvimos en el período anterior, aparece afirmando orientaciones que en términos generales son compartibles. Control y mejora de la eficiencia del gasto público, selectividad en las áreas prioritarias, cautela y austeridad, freno a la fiesta de las empresas públicas, apertura decidida del país al mundo para lograr el ingreso a nuevos mercados.

Más allá de que esta precaución contrasta con los discursos de campaña, en los que se negaron una y otra vez las dificultades y adversidades que ahora se reconocen, lo cierto es que son tiempos de trabajar para evitar que el impacto negativo de los nuevos tiempos generen las peores consecuencias sobre la vida concreta de los uruguayos.

Los discursos de los principales dirigentes de las gremiales empresariales esta semana, en el marco de un almuerzo organizado por ADM, mostraron sensatez y mesura. A diferencia de lo esperable en tiempos de negociación, no se exageraron las tendencias negativas ni se sembró el alarmismo en los planteos presentados.

Seguramente los discursos empresariales buscan evitar la sensación de crisis porque tampoco es bueno para la actividad productiva que se propague la idea de un agravamiento de la situación.

No ocurre lo mismo desde el campo sindical. El movimiento sindical reacciona en la forma clásica, impulsando medidas de movilización y conflicto (ya es el segundo paro parcial que se promueve) y trasmitiendo un mensaje que minimiza las tendencias críticas de la economía, advirtiendo que no aceptarán un escenario en el que no se continúe mejorando el poder adquisitivo del salario.

Aquí está una de las más importantes incertidumbres sobre el desenlace de las “pulseadas” de la segunda mitad del año. ¿Hasta dónde el PIT-CNT mantendrá un discurso maximalista y hasta dónde, en un escenario que muestra diferencias muy apreciables según los sectores y subsectores de la economía de que se trate, se dispondrá a admitir los diferentes márgenes de negociación?

El ajuste de la crisis ocurrirá inevitablemente y del resultado de la negociación entre capital y trabajo dependerá que este ajuste se produzca por salario o por puestos de trabajo.

El discurso del equipo económico pone el énfasis en la confianza. Es acertada la apuesta, porque más allá de lo apropiado de las decisiones que se tomen, se necesita un clima de confianza que acompañe la estrategia.

Justamente, este es el punto decisivo. Si la ecuación de poder en el partido de gobierno se alinea con claridad detrás de los objetivos del equipo económico, la confianza puede ser un factor adicional positivo. Si, por el contrario, predominan los reclamos maximalistas representados en los sectores más radicales del gobierno, que además representan una cuota muy importante de la bancada parlamentaria del Frente Amplio, la confianza se debilitará sensiblemente, aumentando las dificultades para el éxito de una estrategia que minimice los impactos negativos de la crisis.

En esta línea hay que leer los reiterados anuncios del presidente Vázquez sobre supuestos corrimientos a la izquierda o reafirmaciones de fe izquierdista. No son otra cosa que discursos dirigidos a atenuar el debate con los sectores internos más radicales; pero ese mensaje es totalmente contradictorio con el espíritu de los proyectos de ley que ha enviado al Parlamento y con los discursos permanentes de los integrantes del equipo económico de su gobierno que van en la dirección de la moderación.

La alianza entre los sectores mujiquistas y el movimiento sindical y su capacidad de presión sobre el gobierno a la hora de las dos grandes negociaciones, presupuesto y salarios, será la que determine la confiabilidad de la gestión del actual gobierno.

Se acerca la hora de la verdad. Nosotros ayudaremos, desde nuestro sitio para que la crisis ya presente, impacte lo menos posible sobre nuestra economía y sociedad; pero la interrogante principal está centrada en la capacidad del gobierno para manejar sus propias y graves contradicciones internas.

Be the first to comment

Deja un comentario