Hay que elegir el platito

Por Pablo Mieres. El presidente del Banco Central del Uruguay, Mario Bergara, ha utilizado en los últimos tiempos una comparación con la mantención en equilibrio de los platitos chinos. Esta historia venía a cuento como respuesta a las interrogantes sobre qué objetivos de política económica debía priorizar el gobierno. La respuesta de Bergara era que el gobierno debía mantener girando al mismo tiempo a todos los platitos, como en el truco de malabarismo referido.

Esta comparación era una forma indirecta de defender la estrategia del gobierno de no resignar ninguno de los objetivos principales de política económica. Manejar, al mismo tiempo, el tipo de cambio, la inflación, el poder adquisitivo del salario y la competitividad de nuestro país en el mundo. Estos objetivos presentaban, lógicamente aristas o equilibrios contradictorios, sin embargo, el equipo económico del gobierno apostó durante todo este tiempo a tratar de compatibilizarlos de manera tal de no afectar sustancialmente a ninguno de ellos.

El resultado se parecía mucho a “patear la pelota para adelante”. Se permitía que el dólar aumentara, pero no tanto; esto permitía mejorar la competitividad, pero no tanto; a su vez esto permitía que la inflación tuviera cierto empuje, pero no tanto; y por lo tanto se podía mantener el objetivo de aumentar un poco el salario real de los trabajadores. Obviamente, el resultado tenía como efecto que el equipo económico debía utilizar algún otro instrumento para contener la inflación, como el acuerdo voluntario de precios; y también tenía como resultado que las mejoras de competitividad fueran menos fuertes de lo requerido.

Lo cierto es que las condiciones económicas internacionales ya no son las mismas y los equilibrios contradictorios múltiples ya no generan los resultados esperados.
Son cada vez más las voces de economistas de primera línea que indican la imperiosa necesidad de que la política económica elija qué “platito” va a priorizar.

Nosotros no tenemos dudas al respecto. El país debe priorizar la mejora de la competitividad de nuestro aparato productivo, al tiempo que impulsar una estrategia agresiva de apertura comercial al mundo mejorando el acceso a mercados y manteniendo la capacidad de captación de inversiones extranjeras.

Esta es la piedra de toque indispensable para propiciar una nueva aceleración de la economía o, por lo menos, para evitar que la desaceleración se convierta en freno.

La historia debería ser buena consejera y esta indica de manera inalterable que cada vez que en nuestro país se produjo un desfasaje importante entre el tipo de cambio nuestro y el de los países de la región, tarde o temprano se produce un ajuste que determina la reducción o eliminación de esa brecha.

Pues bien, los miles de uruguayos yendo a comprar los productos de consumo a la frontera (particularmente la brasilera, pero también en la argentina), son reflejo en el plano microeconómico, de lo que nos está pasando a nivel del conjunto de nuestro aparato productivo. No hay vuelta, más vale temprano que tarde, nuestro país debe alinearse con la situación de competitividad de nuestros vecinos y ello implica asumir que nuestra moneda no puede estar tan fuerte con respecto a la moneda de referencia internacional, es decir el dólar.

Esta decisión, para nosotros inevitable, debe tomarse lo antes posible a efectos de que el gobierno pueda manejarla con flexibilidad e inteligencia.

Por supuesto que la medida implica efectos múltiples, y algunos de ellos no deseados. Pero hay circunstancias en la vida económica de un país en donde las decisiones a tomar no se eligen entre buenas o malas, sino que hay que elegir las menos malas. Estamos en una situación de ese tipo.

La adecuación de nuestra economía a la situación de la región seguramente permitirá que nuestro aparato productivo y de servicios mejore sus condiciones de competitividad en la región y en el mundo; por lo que podría ser un instrumento de reaceleración económica.

Ahora bien, esta decisión tendrá un impacto inflacionario y, por ello, podría haber un tiempo en que se afectará el poder adquisitivo del salario. Estos son los efectos no deseables y negativos, pero si la opción es correcta, será un proceso breve en la medida que la apuesta a la reaceleración podría permitir en el mediano plazo una recuperación de las fuentes de trabajo y del poder adquisitivo del salario.

Seguir sosteniendo todos los platitos, sospechamos que nos podría llevar a que se cayeran todos juntos, y entonces las dificultades actuales podrían potenciarse para transformarse en un escenario de crisis. Estamos a tiempo de evitarlo.

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