Gobierno que se aleja, pierde

Por Mónica Xavier. El último sábado nos reunimos en Río Negro frenteamplistas que llegamos desde todas partes. Una multitud congregada para celebrar tantas y tantas jornadas de militancia que nos llevaron a la victoria en seis departamentos. Elegimos encontrarnos a festejar en la tierra del Dr. Juan José Crottogini, en honor a su memoria y porque es la primera vez que allí alcanzamos la Intendencia. Fue una jornada reconfortante.

Ya acumulamos seis triunfos consecutivos en Montevideo, tres a nivel nacional y período a período logramos la confianza en nuevos departamentos. Esto nos impone renovar desafíos y nos da menor margen de error para enfrentar situaciones complejas. Algunas de ellas que trascienden por mucho la voluntad de una nación de nuestras dimensiones. Gobernar es un asunto que no da tregua y se equivoca el que piensa que con lo logrado alcanza.

Desde el comienzo, las políticas de gobierno del Frente Amplio han representado cambios en todos los órdenes de la gestión pública, dirigidos a mejorar las condiciones de vida del pueblo uruguayo, en particular las de los sectores más vulnerables y desfavorecidos. Ni eslogan ni nada parecido, es la realidad.

Llegamos al gobierno y el país tenía de los niveles de endeudamiento per cápita más altos del mundo, el aparato productivo estancado, la economía extremadamente débil, la más alta desocupación en décadas y los índices de pobreza e indigencia en los niveles más elevados de la historia. Como producto de este ataque frontal en contra de los sectores más vulnerables y de la clase trabajadora dos quintos de la población se encontraban en situación de pobreza y más de 150.000 uruguayos estaban en la indigencia.

En aquella situación, los inicios del gobierno del Frente Amplio estuvieron signados por dos realidades incontrastables. La primera, nuestra fuerza política no tenía experiencia de gobierno nacional. La segunda, la crisis imperante era brutal. En esa coyuntura asumimos el desafío de sacar a nuestro país de sus peores circunstancias económicas y sociales. Y lo logramos desde la convicción de que Uruguay puede crecer, integrar y distribuir. Hoy la realidad muestra que con los gobiernos progresistas multiplicamos por cuatro el PBI, las tasas de desempleo son las más bajas de la historia y la distribución de riqueza mejora año a año. No son datos menores y podría sumar una larga lista.

Al mismo tiempo hay una sociedad cada vez más conscientes de sus derechos, cada vez con más anhelo de acceso a una mejor vida, cada vez más dispuesta a incidir. Esto genera tensiones que son inherentes al desarrollo. Las fuerzas políticas que no entienden esto están al borde de la extinción o se debaten en ese proceso. Sucede en nuestro país con el partido que gobernó por más de 100 años e impulsó reformas vanguardistas a principios del siglo XX y sucede con partidos tradicionales de la propia Europa. Claro ejemplo de ello: las recientes elecciones en España.

El Frente Amplio debe seguir fiel a sus principios y desarrollando músculo por cercanía con la gente. El gobierno no es la finalidad de nuestra fuerza política ni debe adormecerla. Debemos seguir luchando por nuestra esencia: unidad, libertad, tolerancia, participación, igualdad, escucha. Siempre hay que tener presente esto y erradicar cualquier tentación de pasaje de facturas a través de los medios. Eso divide y quita energía de donde verdaderamente debe estar enfocada. No podemos caer en esa trampa. Es parte del aprendizaje que ya debemos haber cosechado.

El propio compañero presidente Tabaré Vázquez, recientemente, al momento de asumir su segunda presidencia, le reclamó al mismo pueblo que le extendió un respaldo sin antecedentes a un presidente de nuestro país que no lo dejara solo. Y lo cierto es que el pueblo se hace escuchar y se moviliza. Ejemplo de ello: el pasado 20 hubo marchas multitudinarias en todo el país clamando por Verdad y Justicia.

El pueblo también se hace sentir en forma creciente por temas de medio ambiente, de acceso a la información, de condiciones laborales. Desde la izquierda debemos saber profundizar los canales de diálogo que den curso a estas demandas, ya que la calidad de la democracia depende en gran medida de ello. Los compañeros intendentes y alcaldes electos son una parte esencial en este proceso. También los ministros, así como todos los compañeros y compañeras que les fue asignada la alta responsabilidad de funciones de gobierno.

El pueblo tiene memoria; el pueblo es crecientemente consciente de sus derechos; el pueblo reconoce al gobernante cercano tanto como advierte al distante. El gobierno que se aleja, pierde.

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