Entre un falso humanismo y la tradicional politiquería, los trabajadores

Por Pablo Bonet Cabrera. Es muy triste estar presenciando un hecho político y social como el que se está viviendo en la Intendencia de Salto. Si los anuncios oficiales se concretan, en las próximas horas serán echados de sus lugares de trabajo entre 300 y 350 funcionarios. Como siempre sucede, quienes pagan los platos rotos son los trabajadores y no quienes con sus actos u omisiones llevaron a que se viviera esta situación.

Muchas familias salteñas se verían afectadas por la decisión de una administración que se autodenomina de Humanista, pero que está demostrando con esta medida que está muy alejada de este valor humano.

Estamos al borde de vivir una severa problemática social producto de un camino optado por una administración perteneciente a un partido político que se llena la boca diciendo que defiende la clase trabajadora, pero que en la práctica solo se burlan de sus derechos.

Muchos cientos de trabajadores podrían ver, de un día para otro, sus espectativas laborales aplastadas y vulneradas.

Pero en este enredo, hay quienes hoy se quieren parar en la vereda de enfrente y desde su tradicional politiquería pretenden ser los defensores de los derechos laborales y en realidad son co-responsables de esta situación.

Me refiero a quien o quienes, prometieron que “quienes entren con nosotros, se van con nosotros” y luego basados en un acuerdo con Adeoms le dieron falsas esperanzas a cientos de funcionarios municipales que veían con alegría el poder mantenerse en sus puestos de trabajo más allá de quienes ganaran las elecciones. Los mismos que acordaron con los actuales gobernantes, eliminar un artículo del Presupuesto para permitir lo que hoy está haciendo este gobierno. Estos hoy son quienes buscan sacar rédito político de esta problemática, cuando en realidad son parte del problema y nunca de la solución.

En el medio del falso humanismo y de la tradicional politiquería, siempre quedan atrapados los trabajadores. Hombres y mujeres con familias, con deudas, con espectativas, con una gran decepción por las promesas de unos y otros. Muchos quieren sacar la pata del lazo pero son co-responsables. No serán los que decidan los despidos, pero si los que, con sus actos, llevaron a esta situación.

Una pena que muchos queden en la calle por falsas promesas, malas administraciones, peores decisiones y deshumanas resoluciones. Que ninguna de las dos partes, ni los que se fueron ni los que entraron pretendan quitarse parte de la responsabilidad. Son dos caras de una misma moneda… falsa moneda.

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