En polémica con Óscar Andrade. El trabajo, la cultura y las tangentes

Esteban Valenti. ¡Eureka! Alguien está dispuesto a debatir, a argumentar sobre temas importantes y donde existen diferentes visiones en la izquierda. Me refiero al artículo del diputado Oscar Andrade “Uruguay y ahora: ¿Qué es la cultura del trabajo?” Es el mismo título de una columna mía del 6 de julio. Por otro lado el ex dirigente sindical (ahora se trata de llamarnos por la profesión) me cita expresamente.

Naturalmente su la referencia es “generosa”, y aunque no tiene nada que ver con el tema en debate la voy a reproducir: “Cuando señalo la luna los necios me miran el dedo” reza un viejo proverbio chino. En mirar el dedo se esmera Valenti, para quien los trabajadores rurales que chupan tóxicos, las trabajadoras de los call center de la empresa Vida sufriendo acoso laboral, o los trabajadores de las avícolas entre las ratas no representan problemas de trabajo; tampoco los cientos de miles que no cuentan con aportes sociales, los cientos de miles con subempleo o salarios bajos (425.000 con salarios menores a $15.200 registrados en el BPS, según el Poder Ejecutivo, sin considerar el trabajo no registrado), la represión sindical. No hay una línea en su referencia a las formas de trabajo precario que amontonan mil siniestros por semana solo considerando lo registrado por el BSE. De eso, ni una línea.”

Yo siguiendo con la tradicional tangente para no abordar el tema de fondo que le atañe directamente a Andrade, podría decir que en diputado no habla de los que han perdido la fe, viven en los portales, engrosan el ejército de los niños desnutridos y otras situaciones sociales que queda muy sensible mencionar. El se empeña en mirar la luna, solo la luna.

Otro recurso muy interesante son las citas, permiten estirarlas casi hasta el infinito. ¿Qué le querés hacer decir a carlitos (por Marx)?: “El trabajador se convierte en una mercancía aún más barata cuantos más bienes crea. La devaluación del mundo humano aumenta en relación directa con el incremento de valor del mundo de las cosas” ¿Quieren que Marx de cualquier manera le de sustento teórico a que hay que trabajar poco y mal, que en la industria de la construcción haya caído verticalmente la productividad a diferencia de la mayoría de los sectores productivos? Los únicos consecuentes luchadores clasistas son ellos…

Yo en mi anterior columna no menciono a nadie en particular, pero parece que Andrade quiso ponerse todo el sayo. Es su decisión.

¿No estará tirando un poco demasiado de las citas? Solo le falta que Engels y Lenin afirmen en algún texto que cuánto menos responsabilidad laboral exista, más cerca se está del socialismo y de la revolución.

La cultura del trabajo es un tema muy complejo y creo que en eso coincidimos. Tiene muchas facetas, pero si en el Uruguay de hoy además de los aspectos teórico e ideológico sobre el papel del trabajo no solo en la producción sino en los cambios en el papel de las clases sociales y las formaciones culturales dominantes, no discutimos los aspectos concretos que expresan esos avances, seguiremos en la luna. Y los dedos que forman las manos, también tienen un papel en la dura realidad.

Y ahora solo falta que Andrade me hable de los andamios y las manos callosas y que afirme que las decenas de miles de trabajadores de la construcción, un record en toda la historia nacional, son un éxito del sindicato…

Esos temas sobre la cultura del trabajo tienen un papel tan destacado que un dirigente sindical de primera línea como Richard Read en un acto del 1º de mayo, en su discurso habló críticamente de este tema y todos nos levantamos a aplaudir. Algunos no muy convencidos. Y habló claro y fuerte de los que no trabajan, de los que hacen del sebo y el faltazo una práctica normal, de los que son malos compañeros porque descargan en los otros sus responsabilidades y porque además diseminan un mensaje deplorable, el del menosprecio al trabajo. De eso ni una palabra en el artículo del ex dirigente sindical hoy diputado.

No hay cultura del trabajo sin trabajo, sin responsabilidad, sin crecimiento profesional y personal, sin conciencia social del papel del esfuerzo y del aporte a la sociedad. Y eso no está en contradicción con la lucha sindical, con la lucha de clases, al contrario. Por eso en otros tiempos se nos enseñaba que había que ser buenos trabajadores para ser buenos dirigentes sindicales. Otros tiempos.

Y como no podía faltar, lo de siempre, el argumento supremo: “Para el periodista, en reciente artículo en Uypress, los problemas del trabajo y el abordaje de la cultura del trabajo tiene todos los males en los trabajadores organizados y en los sindicatos y lo expresa con una dureza que los sectores más conservadores y reaccionarios del país envidiarían. Por suerte el debate va por otro lado”

No compañero Andrade, si el debate va por otro lado no es por suerte, es porque hemos construido otra realidad que nos permite abordar los temas del trabajo y de su cultura de una manera mucho más compleja y sofisticada que la simple batalla por conservarlo, por sobrevivir con un salario y nos podemos proponer nuevas metas en la justicia social y en la distribución de la riqueza que no dependen solo de las leyes del mercado. Y esos avances son de un amplio sector social y nacional y no solo de los sindicatos, como algunos creen y peor aún, actúan con esa visión.

Releí mi columna sobre la cultura del trabajo y no le borró ni una coma. No porque no haya que aprender y ajustar, es posible que hubiera sido necesario subrayar más algunos aspectos pendientes y críticos de la situación social, pero en lo fundamental mantengo el espíritu. Por si alguien le interesa está en http://www.uypress.net/uc_61365_1.html.

Si le agrego algo a mi columna: si el Uruguay en estos diez años hubiera sido gobernado en cuanto a su política económica y social, con los conceptos que manejan ciertos sectores de la izquierda, hoy en Uruguay no estaríamos discutiendo sobre cultura del trabajo, ni siquiera de las relaciones de fuerza sociales y políticas para seguir avanzando, nos habríamos precipitado social y políticamente y siempre nos quedaría el supremo recurso de echarle la culpa a otros. Y fue con esa línea que un día, animados de las mejores buenas intenciones se nos cayó el mundo y el muro sobre nuestras cabezas. Ese modelo de pensamiento, antes que de organización política, social y económica, ya fracasó y lo peor es que sigue fracasando.

Aunque discrepe radicalmente con algunas afirmaciones dentro de la izquierda, no corto por la tangente de intentar anular compañeros. En mi anterior columna no mencioné a nadie en especial, pero ya que otros invitan lo digo con todas las letras, sigue habiendo en la izquierda uruguaya compañeros que alcanza con que se ponga en discusión alguna de sus verdades para que te dejen de llamarte compañero. No es un problema de afectos, es una mentalidad, es una forma de entender la unidad de la izquierda con limitaciones, donde hay temas vedados.

Tomemos un ejemplo: los que defienden las empresas del estado como claves para la soberanía y para el Proyecto nacional y me refiero a los trabajadores organizados que están dentro de esas empresas y conviven y aceptan serios problemas de producción y dedicación al trabajo ¿no tendrían que analizar esa situación críticamente? ¿En la nota de Andrade hay algo que roce un mínimo la crítica, la duda, la preocupación?

Si en una empresa pública hay un uso y abuso de las horas extras, con crecimientos exponenciales ¿todo corresponde al aumento de la producción y los resultados? Si hay unidades productivas transformadas en hoteles flotantes durante más de dos años ¿Es para favorecer el desarrollo de esa empresa? Las cifras duras y frías, no hablan en absoluto de eso. Y el silencio es un atentado contra esas empresas.

Y no tengo ningún empacho en hablar de esos temas porque los problemas comienzan por arriba, por las autoridades y algunas gerencias que manejaron esas empresas, que conviven con esas y otras situaciones. Pero los defensores declarados y sindicalizados ¿no tendrían que hablar alto y fuerte?

¿Quién nos garantiza que con esa mentalidad, esa “cultura” del trabajo, que las empresas autogestionadas no embarquen esa visión y luego pretendan ser mantenidas in aeternum por el estado sin ninguna sustentabilidad real? ¿No sucede en algunos casos? ¿Y eso es un avance para los niños desnutridos del planeta?

Por favor, bajemos de la luna, por las tangentes no se va al socialismo. Compañero.

PD. Parece que otro dirigente sindical, Marcelo Abdala me dedicó simultáneamente y “casualmente” otro artículo en el portal del PIT CNT. Veré si agrega argumentos o es simplemente una voz más en el coro.

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