En polémica con Oscar Andrade (2)

Por Esteban Valenti. La cultura del trabajo y la izquierda uruguaya. En un segundo artículo de Oscar Andrade se profundiza y se agregan argumentos importantes en un debate en que ambos reconocemos la importancia de discutir un tema que es clave para el Uruguay y sobre todo es definitorio para la izquierda uruguaya.

La izquierda en el mundo está en general muy desorientada, le falta teoría y práctica que nos saque del hondo pozo en el que nos dejó la caída del socialismo real. Desde realidades como China, Viet Nam y ahora los cambios en Cuba, hasta la profunda crisis de los partidos comunistas en el mundo y en particular en Europa, hasta una socialdemocracia que péndula entre el estado del bienestar y los ajustes impuestos por la más fiel observancia a un capitalismo financiero y especulativo, generan grandes interrogantes y pocas respuestas. Incluso el método crítico ha sido muy erosionado.

No voy a entrar en las pequeñas cosas que desmerecen las polémicas, como por ejemplo afirmar que mi opinión no representa todos los compañeros del Frente Liber Seregni, como lo hace Andrade. No tengo dudas, el FLS es un Frente y con diferencias ideológicas y políticas que reivindicamos, lo que es notorio es que si tres dirigentes sindicales de primera línea del Partido Comunista me atacan simultáneamente, es línea. Y lo acepto.

Yo no opino contra las cooperativas, en absoluto, las he defendido con mucha fuerza de las visiones retrogradas de cierta izquierda y de la derecha. Andrade parece no saber que yo comencé mi vida laboral en una cooperativa (CODARVI), y la seguí unos años después en IPS, una cooperativa internacional de periodistas. No busque falsos aliados, compañero.

Es más, considero que las verdaderas cooperativas son una de las formas más avanzadas de organización del trabajo y la cooperación y la propiedad social.

Los males genéticos de la cultura del trabajo tienen su origen en determinada forma de organizarlo que es la esencia misma del sistema capitalista. En mi larga cita de Gramsci en el primer artículo creí dejarlo claro. Es más, voy a profundizar: hasta las deformaciones y las actitudes que atentan contra la cultura del trabajo, el ausentismo sistemático (6 millones de dólares mensuales que paga el BPS y 60% por causa del stress…), la falta de compromiso con el trabajo, la organización del trabajo a desgano en empresas sobre todo públicas pero también privadas, la convivencia con serios problemas de funcionamiento de la producción, con tal de que no afecte las comodidades de algunos, los paros organizados especialmente para retardar ciertas obras son todas derivaciones de una cultura del trabajo vieja como el capitalismo.

Sobre todo en algunos sectores donde el sistema funciona “redondo”, el aumento de los costos los pagamos todos a través de la obra pública. Y eso se ha hecho sistemático y es una combinación entre sindicatos y empresas. Nadie se anima a decirlo, menos en el gobierno, pero muchos lo piensan. Y si no lo dicen están profundamente equivocados, todos nos hacemos cómplices.

“Los convenios están para no ser cumplidos” es una visión que circula en determinados ambientes sindicales y determina que en muchas obras el clima se absolutamente contrario a cualquier cultura decente de trabajo. La lista es larga en obras públicas y también privadas. Y Andrade las conoce perfectamente.

Los uruguayos, en medio de este mundo y esta región donde los proyectos progresistas están también en crisis – no voy a referirme a ellos uno por uno – construimos nuestro propio camino. Concreto, tangible, medible y comparable con otras realidades. No es perfecto, pero yo creo que hay que valorarlo, cuidarlo y mejorarlo.

Y para construir este camino partimos de la peor crisis económica y social del Uruguay de su historia, lo hicimos con un amplio bloque social y político, donde el trabajo fue una de las plataformas centrales, tanto desde el punto de vista económico, programático como cultural. Un bloque social que no fue solo de los trabajadores y menos aún de los sindicatos.

Lo hicimos en el país donde el capitalismo parasitario, el de los empresarios públicos y privados acostumbrados en sectores fundamentales a vivir de las “carteras pesadas” y de la socialización de las pérdidas se había hecho crónico. Otra que neoliberalismo. Aquí casi nadie arriesgaba nada en los 50 años anteriores.

Partimos de esa realidad y avanzamos en forma concreta, lo reitero, mientras el gran logro del crecimiento económico del PBI fue del 161% en 10 años, el de los salarios fue muy superior, fue del 188%, eso no quiere decir que los salarios reales crecieran 88%, crecieron 48%. La cifra surge de la comparación de ambos indicadores.

Y además y simultáneamente pasamos del 19.6% de desocupación, un 12% al 13% de desocupación estructural al actual 7% y para esto, recurriendo a los más heterodoxos o ortodoxos criterios marxista lo que se hizo fue un exponencial crecimiento de la inversión pública pero sobre todo privada. Y esa fue una batalla todavía en curso, en realidad siempre en curso, por la cultura del trabajo. Desterramos la especulación como la fuente principal de la riqueza. La famosa plaza financiera de Luis A. Lacalle.

E inseparable de esto redujimos la pobreza y la indigencia como no lo hizo ningún país de la región (del 39% al 9.6%) y la indigencia (del 4.9% al 0.5%). En la Argentina la pobreza alcanza HOY al 28%! Y además, mejoramos la distribución de la riqueza, el índice Gini no mejoró en ningún otro país como en el Uruguay.

No solo mejoró el nivel de vida de los trabajadores, de los pobres y de los indigentes, sino que se fortaleció de manera muy importante la clase media, los sectores profesionales y se redujo la distancia entre los más ricos y el resto de la sociedad. Y estamos lejos, bastante lejos de lo que sería justo y posible. Pero es un proceso, avanzamos en la dirección correcta.

Nos aprestamos a dar un salto en un momento muy complicado. No recuerdo que Uruguay haya tenido que afrontar en otro momento una crisis en Brasil y en simultaneo otra en Argentina y problemas serios en Europa incluyendo algunos de nuestros principales mercados. En otra época “tradicional” ya estarían llorando en todos los idiomas para justificar el fracaso. Nosotros nos aprestamos a crecer más lentamente y a crear las condiciones para saltos importantes en nuestro desarrollo nacional.

Pero eso no sucederá por ninguna fatalidad, porque tenemos reservas, porque le encontramos el molde y lo que hay que hacer es seguir por el mismo camino, eso sucederá si acertamos en el uso de los instrumentos de la política económica, social, productiva y en las batallas culturales necesarias y pendientes. Y una de ellas es la cultura del trabajo.

¿Tenemos retrasos y problemas sociales pendientes? Ni que hablar, uno de los principales es la educación, y allí la responsabilidad es en primer lugar del gobierno que hará que el país invierta el 6% de su PBI que por esos años será cercano a los 60.000 millones de dólares en la educación (3.600 millones de dólares en el 2019 y 450 millones en el 2004…), pero por cierto que con eso no resolvemos el principal problema, la calidad de la educación. Y el sindicato de secundaria, para tomar un ejemplo, no muestra el menor compromiso con esos cambios necesarios. Parece tener una sola bandera: el 6% y si fuera todo para sueldos mejor. Y eso es también cultura o mejor dicho incultura del trabajo.

Necesitamos una profunda renovación del estado. La derecha que quiere reducir el Estado a su mínima expresión, incluyendo las empresas públicas, quisiera que todo empeore, se hunda todo lo posible. Yo creo que sin un nuevo pacto social y cultural en la sociedad uruguaya entre el estado, sus trabajadores y los ciudadanos, no lograremos dar el salto. Serán retoques. La experiencia actual y muy compleja de estos años en algunas empresas del estado y dependencia públicas me reafirma en esa visión.

Y esa relación entre el estado, los trabajadores y los ciudadanos es también y fundamentalmente cultura del trabajo. Lo mismo se podría decir a nivel departamental en particular en Montevideo.

Hay dos maneras de afrontar esos temas, discutiendo, analizando los problemas a fondo y sin zonas grises y tabú o por la vía administrativa, sigilosa y callada. Yo prefiero la primera y la practico.

También hay un tercer camino, flotar, dejar que nos lleve la corriente y siempre que nos acercamos a los temas de cumplir en el trabajo, de no echar para atrás, de no transformar un sindicato en una corporación, nos refugiemos en todos los problemas sociales que todavía nos queman y nos preocupan a todos.

Se les puede decir de todo a los compañeros del Ministerio de Economía, a los intelectuales, a los economistas, a los gobernantes varios, pero no se puede hablar de los sindicalistas, ellos están más allá de todo, son la expresión de todas las virtudes laborales y humanas de los trabajadores. Eso no es cierto, como no lo sería de ningún sector.

Los problemas en ANCAP, que según todo lo que yo investigué, no surgen de irregularidades, sino graves errores en la gestión, ahora son responsabilidad del MEF y la “voracidad de rentas generales” según una “desinteresada” versión periodística, que se exhibe sin ningún pudor. Y estos conceptos con una leve variante la propalan también desde altísimos cargos del actual gobierno en coordinada ofensiva y hay muchos compañeros consideran que hay que soportar todo en silencio. Yo no creo en eso y por eso escribo y voy a seguir escribiendo aunque me tiren sincronizadamente desde varios frentes.

Y no me vengan a hablar de la derecha, porque esa es exactamente la versión histórica de la derecha.

Si los dirigentes sindicales eligieron que en los 6 primeros meses de este año, pero sobre todo en los tres primeros meses de este nuevo gobierno del FA, realizar un record de paros y huelgas como no se producía desde 1995, es una elección política. Y es lo que están haciendo. Y no se lo hicieron a ningún otro gobierno al inicio de su gestión, a nadie. ¿Y yo no tengo que referirme a eso porque agredo la sensibilidad de los sindicalistas? Y si opino me disparan con munición gruesa. No me voy a callar.

Se anuncia un plan de inversiones de 12.360 millones de dólares y la miran de reojo y algunos sindicalistas declaran que vigilarán las inversiones privadas o cuando se anuncia un acuerdo por mantener los precios controlados, no pasa un segundo y otro dirigente afirma que ya es tarde…

Si consideran que la independencia de clase es tratar a este gobierno peor de lo que han tratado a cualquiera de los otros, al menos anímense y díganlo claro.

No me voy a callar sobre este debate, ni sobre planes económicos fracasados en otros lugares y que se quieren aplicar aquí, ni sobre la gestión de empresas públicas que no funcionaron adecuadamente. Yo creo que los que atentan de manera alevosa contra esas empresas públicas fueron los que no las hicieron jugar su papel dentro del conjunto del Proyecto Nacional y estoy dispuesto a discutirlo en concreto caso por caso.

Y una última reflexión que posiblemente me aleje un poco más de la posibilidad de hacer una síntesis con Andrade. Ojo que el desastre de la izquierda no viene solo de la mano de la corrupción que está afectando grandes proyectos, no solo de meter la mano en la lata, sino que meter la pata en la lata puede tener efectos devastadores, siempre con las mejores intenciones.

Y requeterecontra ojo, que la corrupción no solo es peligrosa en el gobierno, sino también en otras posiciones de poder. Y si se quiere hacer un buen debate sobre ese tema, también sería muy útil. Otra que diamantes. No es el caso de Andrade, pero otros deberían guardar prudente silencio, un silencio grande como una vivienda…

Cuando era muchacho, hace muuuuchos años y era dirigente estudiantil y de la UJC, muchas veces me tuve que parar en una asamblea a discutir con los sectores radicales que no les importaba un bledo la imagen de nuestras luchas, los temas políticos generales, etc. Y lo hicimos muchos, y estoy seguro que nos hubiera gustado demostrarles que no teníamos un milímetro menos de combatividad que los supuestos radicales. Y ahora siento algo parecido, hay algunos que no tienen ningún problema de pedir todo, de parar todo, de criticar todo, total siempre estarán los que asumirán la responsabilidad de hacerse cargo del gobierno progresista y de la política y de los objetivos estratégicos.

Y un último “detalle” no es cierto que automáticamente por ser dirigentes sindicales son los más sensibles y los más preocupados por los problemas sociales, la vida y la lucha política es un poco más compleja, me permito recordarle que siendo las mujeres una gran proporción de la fuerza laboral del país no hay mujeres en la dirección del PIT CNT. Un detalle, un ejemplo.

Al final de la jornada lo que quedan son los resultados. Y un concepto básico: nunca llegaremos, porque el que afirma que ha llegado, es porque se está yendo…

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