En el Día de la Libertad de Expresión

hugolemosPor Hugo Lemos. La libertad para el ejercicio del periodismo la construye en cierta medida el propio periodista, que no debe dejarse someter por las presiones que pueda recibir del propietario del medio para el cual trabaja, en el caso que así ocurra, ni mucho menos debe tener que permitirse soportar las presiones o amenazas para limitar, restringir u omitir el tener que informar u opinar sobre los temas que entiende que son de interés para el público.

Si bien nuestro país está posicionado como uno de los pocos del continente y se alinea a los privilegiados del mundo, que tiene pleno ejercicio de la libertad de expresión y de prensa, más allá de que haya leyes y normas constitucionales que amparen ese derecho y protejan el ejercicio del periodismo, un reportero siempre tendrá presiones de uno y otro lado, porque así son las reglas de juego, pero debe aprender a convivir con ellas y a alejarlas realizando su labor con mayor entusiasmo, objetividad, pluralidad y equilibrio.

Esto a razón de que ayer se cumplió un nuevo Día Mundial de la Libertad de Expresión y en esos momentos es que cuando quienes ejercemos esta actividad, debemos reflexionar sobre lo que nos está pasando, sobre cómo vivimos el trajín cotidiano de nuestra actividad en un lugar donde se juegan muchos intereses y en una coyuntura donde muchos periodistas son mirados con lupa por la opinión pública, pero también desde el poder, para medir su capacidad de abstracción de apego a una ideología, a un político en particular o a una bandera determinada y decir lo que la gente realmente tiene que escuchar y saber para informarse y tomar las decisiones que mejor permitan la mejor conducción para el destino en la sociedad a la que pertenece.

En ese aspecto, hay una premisa desde la que se debe partir y que la destacan siempre los grandes maestros del periodismo nacional y mundial, quienes sostienen que el reportero debe ser como un “perro guardián de los poderes públicos”, custodiando su buen uso y la buena administración de los mismos, porque es éste la única garantía de la sociedad de que el poder público será custodiado y celosamente vigilado.

Por eso no se concibe la labor de la prensa de otra forma, sino como la de tener que informar y analizar la realidad en la que estamos viviendo, denunciando lo que pasa y debe ser cambiado para mejorar las condiciones de vida de la gente y sometiendo al escrutinio público a los gobernantes y agentes políticos que son los que en un estado de derecho toman las decisiones que impactan en la población.

Si bien no se concibe estado democrático sin prensa libre, siempre en cualquier sociedad los periodistas reciben presiones y amenazas cuando hacen bien su trabajo y el resultado del mismo puede afectar a los poderes económicos y políticos que son los que tienen el peso sobre la conducción de la sociedad.

Más allá de que los tiempos han cambiado y estamos asistiendo a un nuevo escenario de derechos y libertades que hasta hace algunos años era difícil pensar que se podían conquistar, como el acceso a la información pública, que si bien es restringida por los poderes públicos, puede conocerse en mayor medida que en otros tiempos donde los documentos públicos eran un secreto de Estado, vivimos mayores resistencias a la hora de contar historias que puedan comprometer a los gobernantes, así como también a los intereses corporativos y empresariales.

Los corporativismos tanto empresariales, como sindicales y profesionales han sido los enemigos de la libertad de información en muchos casos, donde lo que se pretende es que no se conozcan determinadas prácticas que contravienen tanto las normas vigentes como las buenas costumbres y las prácticas razonables de la libertad y el manejo pulcro de las cosas.

Cuando se denuncia el incumplimiento a las normas laborales de parte de sectores empresariales, tanto urbanos como rurales, así como el manejo corporativo de ciertos sindicatos que buscan cubrir prácticas inadecuadas de determinados sectores de los trabajadores, sobre todo del sector público o cuando se endilga determinadas acciones a distintos sectores profesionales, los corporativismos actúan con fuerza para tratar de generar silencio en lo que se quiere decir, con la finalidad de no verse empañados por decir una cosa y practicar otra.

Ya que muchas veces, quienes ejercemos esta hermosa labor, vemos como los mismos que piden que nos callemos para no decir determinadas cosas que les molestan porque son verdades y que tienen interés en la gente, son los que luego saludan en determinadas fechas como la de ayer el ejercicio de la libertad de prensa. O dicen, como en algunos correos electrónicos que llegan a este diario, donde como están molestos con determinadas coberturas, afirman que de quedarse en el gobierno o de volver al mismo, “sabrán a qué medio premiar” por haber sido fiel a sus intereses.

Pero estamos en Salto, nos conocemos todos y sabemos con los bueyes que aramos, por lo tanto en este día tan especial, lo más importante es mantener el compromiso asumido con la labor, informar correctamente, con pluralidad y equidad, para luego sí, salir a defender la libertad de expresión del pensamiento en serio, que también incluye a quienes piensen distinto y a quienes lo hagan en forma tendenciosa, porque en definitiva esa es su manera de ver el mundo. Y por último también respetando a quienes creen que la libertad realmente existe y se bancan todo lo que se tenga que decir sobre ellos porque así deben ser las cosas.

(Fuente: diario El Pueblo)

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