El espíritu del abordaje de la reforma

Por Oscar Bottinelli. Un tipo de abordaje, de espíritu o de estado de ánimo, es la estructuración de sistemas en que se busquen coincidencias sobre cuáles son las estructuras y procedimientos que mejor funcionen para la naturaleza de la sociedad uruguaya y de la competencia política en Uruguay, y que pueda pervivir más allá de los cambios que se produzcan en la arquitectura política.

AVISO A LOS NAVEGANTES: Con este artículo se inicia una serie prolongada, probablemente intermitente -para dar lugar al encare de otros temas de actualidad- y de secuencia no necesariamente ordenada, que sirva como una guía para la discusión de la reforma política, es decir, una guía para el análisis de la reforma del macro sistema político, a su vez compuesto por el sistema de gobierno, el sistema electoral y el sistema de partidos.

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Un aficionado al estudio del sistema político en esta comarca no tiene cómo aburrirse. Desde 1870 en forma casi ininterrumpida se discute cómo debe ser el sistema político, cómo debe ser el esquema institucional, las relaciones de poderes, la composición del Poder Ejecutivo, las reglas fundamentales de las elecciones y su traducción en cargos, bancas y decisiones, el cómo deben estructurarse los partidos políticos y sus fracciones, el cómo dirimir el disenso político, el cómo y el cuándo de las reglas de juego. Tan continuo es el debate, que en un caso bastante excepcional en el mundo, apenas transcurridos menos de cuarenta días de producido el golpe de Estado (junio 27 de 1973), los oficiales generales de las Fuerzas Armadas comienzan a discutir la reforma política: unicameralismo, disminución del número de bancas a 50, eliminación del Doble Voto Simultáneo, reducción del número de partidos a dos o a tres. Excepcional, porque lo normal en el mundo cuando se instaura una dictadura es que se deje para el final el pensar el futuro andamiaje institucional del país y no se empiece por ahí.

Esta vez se llega a la conveniencia de una reforma política como consecuencia de una larga serie de reformas parciales, contradictorias, sin plan claro, desprolijas, técnicamente débiles o claramente deficientes. Reformas que por ejemplo por un lado han fortalecido el parlamentarismo y por otro inducido a un hiperpresidencialismo; que han generado efectos contrapuestos de reforzamiento y de debilitamiento de los partidos políticos; y que han llevado al país a un intenso ciclo electoral de cuatro actos en trece meses, con la consecuencia de un hartazgo de la ciudadanía respecto no solo a las elecciones sino también a la política.

Hay un tema de previo y especial pronunciamiento. Una incógnita a ser despejada como paso previo a comenzar el debate mismo. Incógnita que lo más probable es que se despeje por vía de los hechos más que por pronunciamientos formales. Esta incógnita es: con qué espíritu se aborda la reforma política.

Un tipo de abordaje, de espíritu o de estado de ánimo, es la estructuración de sistemas en que se busquen coincidencias sobre cuáles son las estructuras y procedimientos que mejor funcionen para la naturaleza de la sociedad uruguaya y de la competencia política en Uruguay, y que pueda pervivir mas allá de los cambios que se produzcan en la arquitectura política. Es decir, buscar un sistema lo suficientemente neutro que sirva a todos en su debido momento, a cada uno cuando es gobierno y a cada uno cuando es oposición. En que cada actor piense que la rueda de la vida lo puede llevar al gobierno por largo tiempo o lo puede dejar en la oposición por otro tiempo no menor. Y que lo más importante no es qué ventaja se da el partido de gobierno para minimizar a la oposición, ni cómo se fortalece a la oposición para condicionar al gobierno. Este es más o menos el espíritu con que se abordó el diseño del sistema electoral y consecuentemente del sistema de partidos, en el profundo trabajo de 1924 y 1925. Es el estado de ánimo que prevaleció en la célebre Comisión de los Veinticinco, que dejó como legado trascendente las tres Leyes Madre del Derecho Electoral: la Ley de Registro Cívico Nacional de 1924, la Ley de Elecciones de enero de 1925 y la Ley Complementaria de Elecciones de octubre de ese mismo año.

El otro tipo de abordaje, el otro tipo de estado de ánimo, es concebir la reforma como una negociación por una compraventa entre especuladores, un toma y daca donde cada uno pide todo lo que cree que lo favorece y que a su vez perjudica al adversario. Una negociación de estas características asegura que el producto sea asaz desprolijo e inarmónico. Es como esas casas de balneario que se construían al compás de la buena voluntad de los propietarios pioneros: primero una gran pieza y un baño, luego un dormitorio separado, después una cocina; al final, cuando la casa se termina de construir, con living comedor, cocina, 3 dormitorios y 2 baños, se descubre que para ir de un dormitorio al otro hay que pasar por el baño, y que entre el comedor y la cocina hay que pasar por otro baño. El plano fue la resultante de inspiraciones puntuales e inarmónicas. Pero además esos juegos de toma y daca tienen como resultado la corta duración de las reglas de juego, y en particular la consecuencia de que los perspicaces que proponen reglas en su favor más tarde descubren que con el cambio de humor del electorado esas reglas se volvieron en su contra.

Cabe resaltar que cuando se diseño la estructura básica del actual sistema político el Partido Colorado era un partido dominante, sin que pudiese atisbarse su debilitamiento. Que no existía el Frente Amplio. Lo único perdurable es que el Partido Nacional era y es el segundo partido, pero ahora ese Partido Colorado se encuentra en CTI. Piénsese qué estaría pasado si se hubiese adoptado el régimen colegiado diseñado por José Batlle y Ordóñez, de 9 miembros, 7 de los cuales elegidos en elección directa de a uno por año a mayoría relativa, y los otros 2, de a uno, cada 3 años, por la Asamblea General.

Con ese sistema, hoy el Frente Amplio tendría ya la totalidad de los 9 consejeros y para ser desalojado del gobierno debería perder cinco elecciones consecutivas. Baste este ejemplo para advertir como una propuesta pensada para consolidar la hegemonía perpetua del Partido Colorado pudo haber derivado en la hegemonía perpetua del Frente Amplio. Así de simple.

Lo que se ha oído hasta ahora de ideas para la reforma política permiten dudar del estado de espíritu de la dirigencia política y por tanto permite cierto pesimismo sobre los resultados de esa reforma política.

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