El debate sobre Ancap y el olor a naftalina

Por Pablo Mieres. Como se sabe el Senado resolvió investigar lo ocurrido con ANCAP. Era obvio y muy difícil de evitar para el gobierno.

En medio de la década más próspera de la historia del país, una de las empresas más grandes nos sorprende con una pérdida acumulada en los últimos cuatro años equivalente a más de 600 millones de dólares y una pérdida patrimonial de alrededor del 60%.

Si el Parlamento no investigaba esto, renunciaba definitivamente a investigar nada. Las pérdidas del caso PLUNA alcanzaron a cerca de 300 millones de dólares, la mitad de lo que representa la crisis de ANCAP. Los negocios de la CND en los años noventa determinaron una pérdida de cerca de 70 millones de dólares, la novena parte de lo que ha perdido ANCAP en estos años; los negocios de la misma ANCAP en Argentina representaron la sexta parte de lo que perdió ahora. Y en ambos casos el Frente Amplio, entonces en la oposición, apoyó e impulsó con convicción las correspondientes Comisiones Investigadoras.

Estamos al comienzo de la actividad de investigación, recién ocurrió la primera comparecencia del Directorio actual de ANCAP y todavía no hemos recibido la documentación solicitada que nos permitirá analizar con mayor profundidad lo ocurrido.

Sin embargo, ya se pueden ver algunos posicionamientos que nos sorprenden. Para algunos de los que defienden la actuación de ANCAP, la cuestión de fondo es entre los que “creen en la importancia estratégica de las empresas públicas y los que no creen en las empresas públicas y preferirían que estas no existieran”. O sea, se pretende descalificar las críticas y los señalamientos de los desastres financieros de ANCAP sobre la base de que los que critican buscan desprestigiar a ANCAP porque se afilian a un pensamiento privatizador.

Si la línea argumental a seguir por el partido de gobierno para defender el desastre de ANCAP es acusar de privatizadores a los que quieren investigar lo que pasó, están cometiendo un grave error. El debate entre privatizadores y defensores de las empresas públicas es anacrónico y tiene olor a naftalina.

Si el Frente Amplio cree que va a defender una gestión que ha llevado a ANCAP a una situación de enorme gravedad en su sustentabilidad económica y financiera, diciendo que los que cuestionan lo actuado son contrarios a la existencia de esas empresas, están tratando de reeditar un debate perimido. Es cierto que ese debate fue laudado por los que creemos que las empresas públicas deben ser instrumentos fundamentales del desarrollo del país y, por el contrario, los que pensaban en otras alternativas no recogieron el apoyo ciudadano.

Pero, lo que estamos discutiendo ahora es otra cosa bien distinta. Al contrario, los que apoyamos la necesidad de investigar y aclarar en profundidad lo ocurrido, lo hacemos movidos por la preocupación por la crisis de ANCAP y porque en la situación actual no puede cumplir el papel que debería jugar en el proceso de desarrollo del país.

Es tragicómico que los responsables de la grave situación por la que atraviesa ANCAP pretendan autoasignarse el papel de defensores de las empresas públicas. Incluso escuchamos con perplejidad que para quienes así piensan las empresas públicas no tienen por qué tener ganancias porque deben estar al servicio del país y eso no necesariamente implica lograr gestiones exitosas.

Realmente quedamos sorprendidos y preocupados. O sea que los que se proclaman defensores de las empresas públicas creen que pueden hacer lo que quieran con ellas porque son, por definición, sus defensores y por lo tanto todo lo que hagan estará bien porque lo hacen ellos.

¿Cómo se explica que los que se autoasignan el rol de defensores de las empresas públicas al mismo tiempo digan que estas no tienen por qué ser exitosas? ¿Cómo entender que la defensa de ANCAP implica defender que pierda buena parte de su patrimonio?

Están muy equivocados si pretenden establecer el eje del debate entre los defensores del patrimonio nacional y quienes buscan su privatización.

Ahora los que administraron ANCAP en estos años tienen que explicarle al país por qué han llevado a esa empresa a una situación que ha puesto en riesgo su viabilidad. Ahora los que administraron ANCAP durante estos tiempos recientes, tienen que explicar las pérdidas y las decisiones que se tomaron llevando a una situación de grave crisis a una de las más importantes empresas del país.

Ese es el único y verdadero eje de este debate, lo demás es aferrarse a un pasado que ya fue.

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