Del “dedazo” al Danielazo

Por Gerardo Sotelo. Hay muchas formas de valorar el resultado de un proceso electoral. Si seguimos el consejo del politólogo Gerardo Caetano de tener en cuenta las expectativas generadas sobre los resultados, encontraremos algunas novedades que no emergen claramente de los grandes números.

Una primera novedad se origina en Montevideo, donde el triunfo del Frente estaba por fuera de toda discusión, y en esa medida, no generaba expectativa. En la capital, las dos novedades las aporta el Partido de la Concertación, una plataforma electoral de blancos y colorados que podrá servir, eventualmente, para futuras contiendas departamentales o nacionales.

Su victoria en los municipios CH y E, hará que sus alcaldes estén en la mira de todos. Si su gestión es buena, pueden consolidar una nueva forma de organización política y, quizás, nuevos liderazgos departamentales. También estimulará a la administración frentista a mejorar su gestión en el resto del departamento.

Daniel Martínez obtuvo un triunfo con sabor a revancha. El aumento en la votación del oficialismo con respecto a las anteriores elecciones departamentales, se explica por la recuperación del voto en blanco, con el que muchos frentistas sancionaron el dedazo de hace cinco años. La única expectativa que generaba Martínez era por cuánto iba a imponerse a sus antiguos verdugos. La realidad es que los aplastó, generando un alerta sobre el futuro político del MPP sin el carisma de su anciano líder y colocándose primero en una eventual carrera para una precandidatura presidencial.

Unas semanas antes de las elecciones de octubre pasado, un colaborador del Mujica me advertía sobre el nuevo statu quo político del país: el Frente Amplio será la gran fuerza política en lo nacional, así como en Montevideo y el área metropolitana, mientras que los blancos lo serán en lo departamental y territorial, reeditando el viejo bipartidismo, ahora sin los colorados. Los últimos tres comicios parecen confirmar ese aserto.

No se trata de una realidad ineluctable pero marca que los nacionalistas (o su “Concertación” más o menos formal, con colorados y votantes independientes) no puede soñar con ganar la Presidencia de la República si no mejoran su magra performance en Montevideo y Canelones, el centro de gravitación electoral y política del país. Hasta ahora, nada indica que eso pueda ocurrir en el corto plazo.

Queda por resolver el futuro de Edgardo Novick, que no sólo compró publicidad. El empresario se dio el lujo de debutar en la política con la lista más votada de la capital. Los montevideanos comenzaron a reparar en su candidatura cuando el senador Mujica tuvo la mala idea de ironizar sobre su fortuna y su presunto descubrimiento reciente de la pobreza. La respuesta de Novick fue breve y contundente. Para muchos electores que estaban dudosos, la “parada de carro” al locuaz ex presidente tuvo un valor superlativo.

El senador Bordaberry, molesto con Novick y sus capitanes colorados, dijo que el empresario formaría muy pronto una agrupación dentro de su partido. Sería un caso inédito de suicidio político, porque si bien es cierto que Novick no tiene partido y los colorados no tienen conducción, no hay razón alguna para suponer que un líder emergente se asocie a una estructura en franca decadencia. Y si alguien tiene dudas sobre la potencialidad de Novick, ahí están las duras críticas y premoniciones de altos dirigentes frentistas.

Vista por el lado positivo, la aversión a la figura de Novick refleja la preocupación de que su discurso no-ideológico termine por despertar un sentimiento antipartidos, si es que eso tiene alguna chance de predominar entre los uruguayos. Si hilamos más fino, encontraremos que las críticas a Novick encierran el temor de que este fenómeno aliente a una concertación de alcance nacional o constituya un nuevo tipo de liderazgo que pueda amenazar la hegemonía frentista dentro y fuera de Montevideo.

En todo caso, los dirigentes blancos y colorados, que tienen la llave del Partido de la Concertación, deberán tomar decisiones que marcarán la altura de sus expectativas. Los primeros para trazar su estrategia política para los próximos cinco o diez años. Los segundos para salir de una situación electoral que los coloca al borde del precipicio.

(Fuente: Montevideo Portal)

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