Cuestión de hábito

Por Leonardo Silva. Hemos podido ver a vecinos en nuestro camino por calle Asencio que se ha comenzado a atender, como nunca, las veredas de su domicilio. Esperemos que esto esté ocurriendo también en otras calles.

Si bien las veredas son parte de la vía pública, parece razonable que sea quien allí habita quien arregle las baldosas rotas. Existe un viejo decreto de la intendencia que estipulaba que quienes deben reparar la vereda son los propietarios del padrón correspondiente, si no lo hacen, lo debería hacer la intendencia pero que le cargarían los costos a la contribución inmobiliaria urbana. Nunca se aplicó, y las veredas siguieron deteriorándose.

Aparentemente algunos vecinos se cansaron de vivir así y comenzaron a invertir en sus veredas (lo que incluso valoriza la finca en términos catastrales), algo que no solo afeaba el frente de sus casas sino que se transformaba en auténticas trampas para el peatón.

A esto hay que agregar un esfuercito más. Los vecinos se han venido preocupando también por la higiene de los fondos de sus fincas, lo que en tiempo del dengue nos parece correcto. Lo que no está bien es que se saque la mugre del fondo y se deje tirada sin más en la vereda o calle. Ni siquiera se toman la molestia de embolsar los pastizales o ramas cortadas, lo que impediría que posibles tormentas arrastren por el viento o por las enchorradas esos restos con los obvios perjuicios, tal como pasó en la madrugada de ayer. Será cuestión de habituarse a cambiar ciertos malos hábitos.

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