¡Cinchar para el mismo lado!

Monica-XavierPor Mónica Xavier. Debemos confiar en nuestras fuerzas: las perspectivas de desarrollo del país son buenas. No me voy a cansar de repetirlo. No es una afirmación antojadiza ni azarosa. Depende de lo que hagamos y a la velocidad que lo logremos.

Es el resultado que vuelven a mostrar estudios publicados, en estas últimas semanas, por instituciones que merecen atención. Tanto públicas como privadas y tanto internacionales como locales (MinistF – CEPAL – FMI). Están basadas en los anclajes que nos proponen análisis de prospectiva. Entendida ésta como las causas técnicas, científicas, económicas y sociales que aceleran la evolución del mundo moderno, y la previsión de las situaciones que podrían derivarse de sus influencias conjugadas.

También ya me he referido a los agoreros de las crisis – para ellos, perennes, más que cíclicas – y el hastío que provoca su pereza propositiva. Esas que amplifican algunos titulares de prensa: crónicas catástrofe disfrazadas de información. Ante ello, los gobernantes tenemos como uno de los asuntos pendientes aprender a comunicar adecuadamente -ampliando chances de que la ciudadanía pueda bien informarse para tomar mejores decisiones-. Debemos entender que no es que se hacen las políticas para luego ser comunicadas. La comunicación es parte misma del diseño de las políticas y en ella se sustenta buena parte de la comprensión que la ciudadanía tenga de las mismas, de su discusión y de su impulso. En definitiva, de su éxito.

En esta década, ha quedado claro que podemos crecer, distribuir y desarrollarnos a muy buen ritmo. Hay múltiples factores a considerar, y se sabe, sobradamente, que no es tarea sencilla ni de un día para otro. Vivimos circunstancias que nos permiten ver con optimismo a un mundo lleno de complejidades. En este contexto tenemos que “… fortalecer aún más las instituciones y las condiciones sociales siguen siendo esenciales”, afirmó – hace pocos días – el presidente del Banco Central de Chile, Rodrigo Vergara, ante el Comité Monetario y Financiero del FMI, (que tiene la silla en representación de su país, Uruguay, Argentina, Bolivia, Paraguay y Perú). En esa misma ocasión sentenció que “ponemos en duda la opinión (del FMI) de que la desaceleración de América Latina es en su mayoría de carácter estructural. Más bien, sospechamos que el potencial de crecimiento ha sido menor del que se pensaba todo el tiempo”.

Ni el mundo -ni la región- van a esperar por discusiones domésticas pequeñas de un país periférico y con limitada capacidad de producción a escala en comparación a las grandes potencias y bloques constituidos. Allí está la razón del artillero: debemos poner los mayores esfuerzos -alinearnos en políticas de estado- que contribuyan a alcanzar integración regional para poder proyectarnos globalmente.

La inserción en las “grandes ligas” requiere caminos de entendimiento que insumen tiempo y exigen paciencia ante las marchas y contramarchas que suponen las históricamente trabajosas relaciones de barrio. Nuestro desarrollo será con ellas o no será. De una buena vez, eso tenemos que asumirlo. Tenemos que anteponer diálogo constructivo a confrontación por nimiedades. No existe en estos temas la rebeldía orejana. No es acertado jugar a la vociferación alardeando patriotismo.

Desde esa concepción -práctica y realista- es que nuestro presidente no declina ni un minuto en los intentos de integración e inserción. En el último Consejo de ministros – celebrado en el departamento de Cerro Largo, el pasado domingo, expresó: “es muy importante que avancemos en los temas comerciales junto a Brasil para ver si podemos concretar un TLC con la Unión Europea, que es un viejo tema que tenemos pendiente hace mucho tiempo, y que tanto Uruguay como Brasil como Paraguay estamos acordes en llevar adelante. Argentina está un poco más reticente, pero veremos”.

Ese rumbo está marcado por la determinación de políticas integradoras. Cuando proyectamos integración estamos sembrando desarrollo y mejores condiciones de vida para nuestro pueblo. Una cosa viene de la mano de la otra. Si mejoraron las condiciones laborales y de cobertura social -a niveles antes jamás alcanzados- es porque los gobiernos de izquierda apuntan de forma indisoluble a crecimiento aunado a inclusión.

Ahora mismo estamos recorriendo nuevamente el país, una gran cantidad de sus localidades y de sus barrios. Hablamos mano a mano con la gente y dialogamos sobre sus necesidades y sus proyectos. La gente quiere seguir mejorando y construyendo un país para que sus hijos progresen en vez de verse obligados a emigrar. Y les aseguro que este sentimiento no tiene color político.

¡Juntos, debemos cinchar para el mismo lado!

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