Apuntes en borrador

EXTRAS. Permanentemente estamos haciendo extras, o sea, realizando compras fuera de lo común y de lo que se necesita. Eso forma parte del consumismo que nos han inculcado, sea por los medios masivos de comunicación como por el mismo contexto social en el que vivimos. Si alguien compra algo novedoso, yo también quiero tener eso, y así va la cosa.

Eso lleva a agotar no solo el dinero que percibimos mes a mes por concepto de salario, jubilación, pensión, subsidio o plan social que fuere, sino que además aprovechamos las múltiples ventajas que nos proporcionan las distintas entidades de intermediación financiera. Es así que “reventamos” plata en metálico o en plástico.

Pero nada se compara a lo que gastamos en este momento del año, donde las tradicionales fiestas se han transformado en una auténtica “orgía” de gastar para regalar o regalarnos, para comer y tomar.

La navidad se ha transformado en una auténtica fiesta pagana más que respetar y conmemorar el significado religioso que eso implica; incluso más allá que se profese o no esa religión. La navidad termina por ser una excusa para el reencuentro de amigos y familiares que no se juntan en casi todo el año para comer y tomar.

Pasada la navidad, una semana más tarde, tenemos una segunda oportunidad para seguir matando a nuestro hígado, porque ahí tenemos nuestra segunda “última cena”, como si alguien gritase, “¡COMAMOS QUE SE TERMINA EL MUNDO!”, y así, a través de otra “orgía” alimenticia despedimos el año viejo y damos la bienvenida al nuevo.

En algún momento vamos a tener que parar y revisar estas “tradicionales” fiestas y buscarle un sentido menos económico y consumista por algo más humano y solidario.

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NO TODOS. Pero a toda regla, siempre hay una excepción. Este año, como cada año, personas que para muchos de nosotros son invisibles, no tienen acceso al tipo de vida del que acabamos de relatar. No porque hayan optado por otra forma de vida sino porque no tienen la posibilidad económica de hacerlo.

Ni grandes cenas, ni lujosos juguetes para los niños. Tampoco nos engañemos, seguramente si tuviesen la oportunidad, repetirían la historia consumista en la que hemos sido “programados”.

Vivimos tiempos complejos de difícil comprensión. Quizás lo más difícil de entender sea que prefiramos mirar para el costado y hacer la vista gorda.

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LA FAMILIA. Más allá de todo, en estas tradicionales fiestas debemos apostar, una vez más, a la familia. Fortaleciendo nuestros lazos y apostando a las enseñanzas que nuestros padres y abuelos nos han transmitido, destacando fundamentalmente los valores familiares como eje que centre debidamente nuestro equilibrio personal en el contexto de una sociedad que nos rodea, observa y juzga.

Leonardo Silva PInasco

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