Apuntes en borrador

VOLVAMOS a reflexionar sobre el mundo que nos ha tocado en suerte. La semana pasada resumíamos someramente las cualidades que tiene el mundo en el que vivimos con la sola lectura de los diarios.

Veamos, entonces escribíamos: “… podemos ver un mercado libre a ultranza que inexorablemente implica la lógica de la competencia y la generación connatural de ganadores y de perdedores. La entronización del éxito económico como parámetro superlativo. La globalización de las costumbres y las formas económicas de una nación sobre todos los países del planeta. El doble discurso sostenido desde la altura de los centros de poder. La exagerada utilización de la morbosidad de la gente en espectáculos televisivos llenos de sangre, lascivia y destrato (y no me refiero únicamente a los informativos). La estimulación del irracionalismo. Las guerras étnicas y religiosas. El armamentismo. La incitación a la utilización de las drogas (con países como el nuestro como aliados). Una marginación y exclusión social gigantesca. Existencia de cúpulas y castas de corruptos, tecnócratas, adoradores de un eficientismo a toda prueba. Los propugnadores de un ‘sálvase quien pueda’ actuando como modelo en lo personal y en lo social”.

Ante esta situación pesimista de la vida afirmábamos que había que torcer la mirada y buscar tener una visión optimista de que se puede enfrentar y vencer a este mundo cargado de violencia a través de una cultura para la paz.

Avancemos un poco más. La paz, al igual que la libertad, dependen del Hombre, y este con sus influencias espirituales, debe materializar una vida digna en perfecta consonancia con la sociedad en la que vive. No es fácil, y la estabilidad de la paz interior y entre las comunidades humanas, al igual que la libertad, depende de cada uno, de la fuerza moral y ética de cada ser, de la búsqueda de su propia paz interior para poder así entonces hablar y contribuir al fomento de la paz en la Humanidad.

Cuando nos encontramos en estos días pesimistas, nos preguntamos, ¿para qué? ¿Cómo poder llegar a la verdadera paz? ¿Cómo hacer para impedir tanta violencia? Sobre todo luego de ver las recientes imágenes llegadas desde París o desde Medio Oriente.

Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas tal vez nos permita atisbar una respuesta cuando dijo hace un tiempo, “es en la mente de los Hombres que empiezan las guerras y es en las mentes de los Hombres donde las defensas de la paz tienen que construirse”.

Entonces la paz aparece, ante todo, como una actitud. Entonces es posible, si verdaderamente se quiere y se deviene en un deber ser y en un fin a alcanzar por cada ser humano.

Todos tenemos pues, el poder y el deber de construir y defender la paz día a día. Pero para ello es necesario desarrollar una verdadera campaña de reeducación de los valores morales de la sociedad. Debemos concientizarnos y hacer posible una impetuosa y trascendente campaña de educación cívico-democrática para formar mujeres y hombres libres consustanciados de su misión republicana y que se sientan actores y autores de su propio destino.

Leonardo Silva Pinasco

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