Apuntes en borrador

REFLEXIONES sobre el mundo que nos ha tocado en suerte. Leyendo el diario podemos ver a un mercado libre a ultranza que inexorablemente implica la lógica de la competencia y la generación connatural de ganadores y de perdedores. La entronización del éxito económico como parámetro superlativo. La globalización de las costumbres y las formas económicas de una nación sobre todos los países del planeta. El doble discurso sostenido desde la altura de los centros de poder. La exagerada utilización de la morbosidad de la gente en espectáculos televisivos llenos de sangre, lascivia y destrato (y no me refiero únicamente a los informativos). La estimulación del irracionalismo. Las guerras étnicas y religiosas. El armamentismo. La incitación a la utilización de las drogas (con Estados como el nuestro como aliados). Una marginación y exclusión social gigantesca. Existencia de cúpulas y castas de corruptos, tecnócratas, adoradores de un eficientismo a toda prueba. Los propugnadores de un “sálvase quien pueda” actuando como modelo en lo personal y en lo social.

Con esta somera descripción de algunas aristas de cómo se ve al mundo, ¿puede extrañarnos si la violencia se desliza y se instala como invitado de honor en nuestros hogares y en el corazón de la gente?

Sin embargo, pese a esta mirada casi apocalíptica, tengo el convencimiento que podemos apostar a otro tipo de historia.

Debemos comenzar a trabajar, juntos, en la construcción de una cultura de la paz, teniendo en cuenta que no saldrá del pensamiento natural de las personas. No basta recordar los pueblos que ayer, hoy y mañana seguirán en guerra, aquellos pueblos que nunca vivieron en paz o aquellas generaciones enteras que nacieron, vivieron y murieron en guerra.

Por todo esto, debe haber una acción deliberada para extraer de la Humanidad y de la naturaleza la esencia de las cosas. Y la paz está en la esencia del Hombre, pero ésta no se logra por su sola presencia, implica trabajar especialmente para ello. Así como, para que el género humano sea libre debe aprender a serlo, también para que viva en paz debe aprender y construir ese valor y las actitudes que lo manifiestan, especialmente la tolerancia.

Pero, podemos preguntarnos, ¿la paz, por sí sola, es un instrumento de libertad? La paz, ¿puede ser un objetivo medianamente completo para alcanzar la felicidad?

Es decir, debemos ser conscientes que debemos trabajar por una paz que esté anclada en la realidad, donde la gente tampoco sufra de la alienación impuesta por la necesidad, como la búsqueda de trabajo, de cómo alimentarse o de cómo proteger y proveer los requerimientos de sus familias, donde el precio de la necesidad no sea la pérdida de la dignidad y de otros valores humanos tan vitales como la libertad, la igualdad y la amistad.

Para ir terminando estas primeras reflexiones sobre el mundo que nos rodea, no puede pensarse en la paz si no nos detenemos simultáneamente a pensar en la justicia social. Pero esto, es materia para otras reflexiones y apuntes que aún siguen en borrador.

Leonardo Silva Pinasco

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