Apuntes en borrador

MACRI. Lo dijimos antes, así que no sorprenderá si mantenemos lo escrito en esta misma columna, me es indiferente saber quién ganó la elección en Argentina porque tanto Macri como Scioli marcaban el final de una década infame en el hermano país.

En la era Kirschner (abreviatura de Cristina con Kirschner), Uruguay pasó de venderle el 25% del PBI al solo el 4% a Argentina. Este mismo gobierno puso el cepo y todo tipo de limitaciones y cortapisas para que los hermanos argentinos pudiesen venir a descansar o a invertir a Uruguay. Esta década fue perdida para el buen relacionamiento entre ambos países.

Seguro que esta situación debería cambiar pues no tiene sentido mantener ese grado de enemistad con un hermano. Así que con Macri deberían venir buenas noticias para nuestro país, sin entrar a realizar ningún tipo de análisis ideológico de lo que implica ese cambio en su política interna.

Eso sí, a no tomar por tonto a los pueblos. Lo que ocurrió ayer en Argentina no implica ningún tipo de efecto contagio en el resto de los países latinoamericanos, más allá de la guerra de mensajes y contra mensajes que ya comenzaron en las redes sociales, augurando cambios en otros países, incluido Uruguay.

A no ponerse nerviosos tirios y troyanos, pues lo ocurrido ayer solo implica la victoria de alguien en un país. ¿Mensaje? Que lo único permanente es el cambio.

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MALA CONSEJERA. Una vez más queda claro que la soberbia es mala consejera. Algunos ya andan escribiendo en las redes sociales que deben poner las barbas en remojo, y no hacen mal, siempre y cuando eso implique recuperar la humildad que todo gobernante debe ostentar permanentemente.

Aquello de que si querés conocer a Fulanito dale un carguito, no es porque el poder te cambie sino porque el poder te muestra tal cual sos realmente. El poder actúa entonces como efecto liberador de sus más bajos instintos. A las prueba me remito.

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AUDITORIAS. La decisión del intendente de cumplir con uno de sus compromisos de campaña es buena cosa, lo que permitirá transparentar definitivamente lo ocurrido en el anterior gobierno y donde ya no quedará más lugar ni a las especulaciones ni al circo que se montó. En cierto aspecto, puede terminar resultando un nuevo tiro por la culata, como viene ocurriendo con el sinceramiento de otros números.

Por ejemplo. La deuda no era de más de 2 mil millones de pesos como se dijo en campaña, era de 747 millones. No había 2.200 funcionarios en la intendencia, sino que solo había 124 más de los que dejó Fonticiella cuando debió dejar la intendencia (o sea, 1.859), y el rubro cero no era pues del 85% sino unos puntos menos, 80%. La recuperación salarial real durante el quinquenio de más del 8% sobre el IPC que tuvieron los funcionarios municipales ya lo perdieron con los recortes que se han implementado (menos para los compañeros sindicalistas que casualmente, todos tuvieron mejoras). Con la suba del 60% en el precio del boleto del ómnibus de pasajeros se venden cerca de 150 mil boletos menos por mes. En fin, fríos números que no tienen dos lecturas (Fuente: intendencia de Salto).

Leonardo Silva Pinasco

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