Apuntes en borrador

DECISIVAS serán las próximas horas para destrabar el conflicto de la enseñanza, mientras se sigue barriendo bajo la alfombra los demás conflictos, como el de la salud y el del Poder Judicial.

Coincidimos con el diputado del Partido Independiente Iván Posada cuando afirma que es el Poder Ejecutivo el que debería cesar el decreto de esencialidad y habilitar de esa forma el diálogo.

Diálogo que existe ya. De hecho, en momentos que escribimos esta columna (pasadas las 21 horas de este domingo), los representantes de los distintos gremios de la enseñanza se encuentran reunidos en la sede del Ministerio de Trabajo. Pero como dicen los docentes sindicalizados, nada hay para dialogar en tanto siga rigiendo la esencialidad del servicio.

El gobierno aprieta la soga y los docentes cada vez son más en las asambleas gremiales.

Seguramente el Poder Ejecutivo a último momento anunciará la baja del decreto de la esencialidad por varios motivos, pero la motivación más importante referirá (aunque no se dirá) a que no se sabe cuáles serían las sanciones a aplicar en caso de declarar el desacato docente a la esencialidad. Eso ni siquiera lo tiene claro el Poder Ejecutivo. Tan intempestiva como improvisada fue la respuesta (más pareció a un berrinche) del Ejecutivo hacia los sindicatos que ahora deberá pagar las consecuencias, aunque conociendo el paño… difícil para Sagitario.

De última, quien seguirá pagando los platos rotos es el país. Pero ojo, aquí los responsables somos todos. Ni los sindicatos ni el gobierno. Todos, por acción u omisión.

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DESCENTRALIZACIÓN. Viendo los informativos capitalinos, obviamente las noticias se centralizan en el área metropolitana pues allí vive más de la mitad del país. Es la que sufre los más altos índices de criminalidad, donde los asesinatos por encargo o sin sentido (como el del taxista o el de la joven maestra o el de un pizzero, etcétera), donde los paros en las escuelas se dan esencialmente en Montevideo y Canelones, y otro enorme etcétera a los problemas que allí se concentran.

En el interior del país no la pasamos mejor, porque múltiples beneficios tributarios o de algunos costos en la canasta se gozan en el sur y no en el resto del país porque el IPC se mide exclusivamente en la zona metropolitana.

La manera de mejorar la calidad de vida de los uruguayos es desconcentrando la zona metropolitana y haciendo retornar, a través de auténticas políticas descentralizadoras, a la gente al interior, que también necesita de su gente para progresar y repoblar la campaña.

Por ahora, cuando de descentralización se habla, no es más que pura cháchara sin contenido. Por eso será que la gente continúa yéndose al sur.

Leonardo Silva Pinasco

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