Apuntes en borrador

ESTÉRIL… ese es el tipo de discusión que se produce cuando la misma no conduce a nada, salvo a la negación por la negación misma, innecesaria, intrascendente, absurda, obtusa, tonta.

Es así que aquí dijimos (hace tres semanas) que la Junta Departamental estaría alcanzando una solución al grave problema del no pago de sueldos y demás beneficios (incluidas las retenciones) para los funcionarios municipales y sus familias, a través de una línea de crédito y de un fideicomiso.

Se nos dijo de todo en las redes sociales por algunos partidarios del gobierno entrante pues para ellos, parece ser que la palabra “fideicomiso” (instrumento utilizado por todos los gobiernos departamentales, todos) es mala palabra. Incluso el propio intendente electo llegó a sostener públicamente que él no planteará ningún fideicomiso sino que la OPP le dijo claramente que encare para la línea de crédito con el BROU.

Sin embargo, el texto enviado por la OPP desde Montevideo y que el pasado jueves aprobó por unanimidad la Junta Departamental, dice textualmente que se autoriza a la intendencia de Salto a tramitar “línea de créditos, FIDEICOMISO, préstamo de similar naturaleza jurídica, entre otros” hasta por 330 millones de Unidades Indexadas (unos mil millones de pesos).

Tras lo cual, insistieron en sostener que no se trata de un fideicomiso sino de una línea de crédito. Sería buena cosa que el gobierno entrante no comience mintiendo a sus adherentes y militantes, mucho menos, mentirse asimismo.

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BICI. Ayer EL PUEBLO publicó una entrevista que realizamos al periodista, dirigente político y sindicalista Luis Bértiz, con quien dialogamos en el diario durante un par de horas de manera muy amena. Compartió con nosotros un sinnúmero de anécdotas vividas por él, pero que por una cuestión de espacio, no pudieron ser parte de la misma.

De todas formas, nos gustaría aprovechar este espacio para compartir con nuestros lectores una de ellas, sobre cómo se hizo con su primera bicicleta.

“Yo tenía 12 años –nos contó-, terminaba la escuela y empezaba el liceo, y no tenía bicicleta, y quería tener bicicleta. Vivía en el Ceibal, y como en todo barrio de Salto en Ceibal también teníamos el clásico bicicletero, porque en aquellos años se arreglaba la bicicleta. Y el bicicletero del barrio era Julio Fernández, que trabajaba en la imprenta de diario EL PUEBLO”.

“Me apersoné y le dije que si yo durante las vacaciones le rasqueteaba los cuadros de la bicicleta para que él después las pintara, si como forma de pago me podía armar una bicicleta con todas las piezas que tenía en el taller. La cosa es que me pasé como un mes rasqueteando cuadros de bicicleta con un pedacito de lija y un pedacito de sierra afilada que se usaba para rasquetear la pintura de fábrica, y el tipo las pintaba y las dejaba flamante”.

“A fin de mes, pinta un cuadro de azul y blanco, los colores de Nacional, y me arma la bicicleta. Y encima de regalarme la bicicleta como parte de pago por el trabajo que yo le había hecho, me da unos pesos. Así que ese día fui el gurí más feliz del barrio Ceibal, imaginate, tenía plata y bicicleta, qué más podía pedir”.

Leonardo Silva Pinasco

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