¡A no distraernos!

Mónica Xavier. La lucha por Justicia Social es para toda la vida. Nunca van a ser suficientes los avances alcanzados. Falta mucho por hacer. El futuro impone cada vez más desafíos. Y cada vez que pensamos nuestra fuerza política sentimos eso mismo.

He dedicado una innumerable cantidad de columnas, discursos, entrevistas, conversaciones cara a cara a compartir lo que ha significado esta década progresista para nuestro país. Hay quienes intentan relativizar lo innegable: en forma espasmódica quieren controvertir las mejoras que están puestas sobre la mesa. Esas que han permitido más desarrollo y mejores condiciones de vida. Las urnas han hablado.

Ahora, es tiempo de acelerar y de lidiar con condiciones externas menos favorables. Igualmente, a no confundirse, en esta década las condiciones tampoco fueron ideales: han habido crisis internacionales que devastaron economías que aparecían muy animadas y el precio del petróleo tocó sus máximos históricos. Sin embargo nuestro país nunca se achicó. Al revés, la curva de crecimiento siempre se mantuvo por encima del promedio regional.

Hoy, seguimos dando pasos firmes ante contextos de incertidumbre. Seguimos trabajando duro y parejo para modernizar la infraestructura, para optimizar las condiciones de crédito, para desarrollar el aparato productivo, para expandir nuestros mercados destino. Ahora mismo estamos siendo parte de negociaciones que permitan profundizar la cooperación entre la Unión Europea y el MERCOSUR, así como con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), marcadas por la complejidad y la rapidez de los cambios tecnológicos, económicos, sociales, ambientales y culturales.

Estas negociaciones son determinantes para nuestro país. Están orientadas a impactar directamente en la calidad de vida del pueblo, a fomentar la innovación para el crecimiento sostenible, a contribuir a una educación de calidad para todos, a garantizar la seguridad, a combatir el cambio climático. Es tal cual así. Son previsibles los comentarios de algunos opositores con falsas comparaciones y ejemplos que la realidad también presenta a diario y que nos consternan a todos.

El indicar lo avanzado e informar los planes para seguir mejorando no oculta dificultades e injusticias ni tampoco, por ejemplo, el surgimiento de formas delictivas impactantes, la violencia pública -reiterada- del estilo de los que vimos en el Estadio el último domingo o la ejercida por hombres sobre mujeres que ya ha tomado la vida de 20. Por el contrario, aquí no hay ningún intento de negación.

A nuestro país le ha cambiado su ecuación económica-social la convicción de que nuestra producción -el trabajo de nuestra gente- podía llegar a los mercados más exigentes, y que el reparto de ese producido debía generar cada vez más equidad: se sumaron las reformas tributaria y laboral para generar mayor distribución. No alcanza con la explicación de que sólo hubo mejores condiciones internacionales. Esa es una verdad a medias. Y ya sabemos que somos tomadores de precios.

En ese mismo sentido tenemos que definir la postura con relación al TISA. Ello requiere responsabilidad, audacia y visión: tenemos que ser capaces de comprender si las lógicas comerciales y de interacción puestas sobre la mesa de negociación nos van a permitir impulsar más desarrollo o nos van a estrangular. En esas rondas están los más hábiles negociadores del mundo. No son instancias para cobrar al grito. Es por ello que seguimos recabando información, intercambiando opiniones, escuchando, consultando a la gente con la mayor competencia en la materia. Y vamos a responder al tiempo que esto demanda.

La suma de condiciones de vida dignas, posibilidades de desarrollo, oportunidades ampliadas son las que determinan la integración social y nuestras prioridades. No es solo cuánto vendemos. No es solo una cuestión comercial. Basta con mirar a las sociedades más desarrolladas para advertir esto. No hay duda en el objetivo. El asunto es seguir transitando el camino hacia tan ambiciosas definiciones y cómo afirmar el rol indelegable de nuestra fuerza política para apuntalarlas. Ejemplo de ello: el pasado sábado nos reunimos en Paysandú para coordinar una nueva etapa de trabajo en la regional litoral del FA (Río Negro – Paysandú – Salto) y establecer una base política común para el desarrollo de la región.

Sin dudas todo esto supone los máximos esfuerzos para mantener la unidad, generar mayor participación y democratizar nuestras propias formas de decisión.

Como en toda actividad humana, hay desempeños mejorables. Para ello debemos concentrarnos en lo importante sin distraernos en disputas raseras.

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